Ravella se ha dejado liar con una moción sobre el ambulatorio que quita presión a la consellería y le libera de compromisos
28 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La política sanitaria de la Xunta, por lo que respecta a Vilagarcía, está dejando bastante que desear. Mientras la gente duerme en Urgencias por falta de camas, el tercer piso del Hospital do Salnés sigue virgen con la excusa, cogida por los pelos, de que no existe demanda. A poco que uno se preocupe por averiguar las razones de semejante fenómeno, se encuentra con la verdadera explicación: hay camas libres en la primera planta porque esta se reserva para el área quirúrgica -no conviene que los pacientes se entremezclen- y el Servizo Galego de Saúde ha decidido reducir las operaciones en el complejo de Rubiáns, donde ya no se interviene por las tardes. Pero la segunda, la de hospitalización, está petada. Una situación ante la cual la alcaldesa, la socialista Dolores García , permanece sorprendentemente callada. Si esto hubiese sucedido en Cambados bajo el mandato del bipartito, el popular Cores Tourís ya se los hubiese merendado.
La indefinición de la Consellería de Sanidade se está convirtiendo en un axioma primordial. No se sabe qué quiere hacer con el hospital comarcal, se desconoce el futuro del área sanitaria y, la última aportación por el momento, también lo que va a pasar con el ambulatorio. La prueba sangrante de esta confusión fue la ausencia de consignación para la ampliación del centro de Rubiáns en la primera propuesta de presupuestos autonómicos para este año. Que al final se habilitase un millón de euros hay que anotarlo en el marcador de la concejala y diputada vilagarciana Marta Rodríguez Arias . No fue la planificación, sino el empeño e insistencia sobre aquellas promesas realizadas en campaña que suelen olvidarse los que consiguieron que el Gobierno de Núñez Feijoo modificase sus previsiones iniciales. Lo malo es que el cupo de la capital arousana, por lo que respecta a inversiones importantes en materia sanitaria, parece haberse agotado ahí.
Con los deberes en el aire, el departamento que dirige Pilar Farjas se las ve ahora con el ambulatorio de San Roque, que está en las últimas y no da más de sí. La alternativa la había dejado señalada su antecesora en el cargo, la socialista María José Rubio , al pactar con el entonces presidente de la Autoridad Portuaria, Javier Gago , la construcción de un macrocentro de salud en la parcela de la antigua Comandancia de Marina.
Por alguna razón que nadie ha desvelado -a falta de otro argumento todo indica que se trata de obstáculos económicos- la consellería ha descartado en la práctica esta posibilidad tras el cambio de gobierno. En buena lógica tendrían que haber sido Farjas y su equipo quienes explicasen por qué. Pero decir que no siempre es difícil y además cuesta votos. Así que los conservadores han desplegado una estrategia que funciona como un reloj suizo, con la inestimable colaboración del bisoño gobierno municipal: al anunciar la posibilidad de que la dotación se instale en Vilaxoán han distraído la atención sobre el compromiso de Comandancia y movilizado a los colectivos del sur del municipio, entre los que el PP se mueve como pez en el agua, que no dudaron en personarse el jueves en el pleno para reclamar lo que consideran de justicia.
Situar un centro de salud en Vilaxoán requiere unos terrenos que, aun existiendo, porque ni siquiera están localizados, requerirán un largo proceso urbanístico para poder ser puestos a disposición de la consellería. El solar de la Comandancia, en cambio, está perfectamente identificado. Claro que las declaraciones de Gago en esta polémica, defendiendo la vigencia del protocolo firmado hace un año, no han gustado un pelo en la Autoridad Portuaria. Por interpretarlas como una injerencia y porque tramitar un convenio o una cesión, por sencillo que sea, exige una serie de pasos previos que el ex presidente no recorrió durante los seis meses que permaneció en el cargo tras los comicios autonómicos.
Sea como fuere, el ex alcalde sí acertó en la lectura política de lo que estaba sucediendo. Quienes andan en estas cosas sugieren que las prioridades de la Xunta no pasan, precisamente, por ejecutar una fuerte inversión ahora mismo en un centro de salud para Vilagarcía. Sanidade necesitaba liberarse de presión y eludir compromisos que incluyesen plazos cercanos y concretos, a la espera de tiempos mejores. La regidora, que no reaccionó con rapidez pero al menos mantuvo una postura firme al principio, se dejó liar sin embargo en una moción que habla de analizar todas las alternativas posibles. García hace así suyo un problema que no lo era, concediendo a Farjas lo que la conselleira más precisaba y el PP jamás otorgó al bipartito: un respiro. ¿Y con el ambulatorio qué va a ocurrir? Ni aquí, ni allá, sino todo lo contrario, por los siglos de los siglos. Amén.