La agonía fue lenta y culminó en el cierre de la fábrica de Catoira. Un año después, la mayoría de la plantilla sigue en el paro y los acreedores, esperando para cobrar
21 feb 2010 . Actualizado a las 03:02 h.Cedonosa era una prestigiosa factoría de fabricación de gres con sesenta años de historia en Catoira. En marzo del 2009 echaba el cierre definitivamente después de año y medio de batalla laboral y un auto del Juzgado de lo Mercantil número 1 de Pontevedra declarando el cese de actividad y la rescisión de los contratos. Cedonosa quedó en manos de los administradores concursales, que serán los encargados de llevar a cabo la liquidación de la empresa. Esto es, la venta de los bienes de Cedonosa con el fin de pagar las deudas millonarias que dejó atrás. Los acreedores -suministradores de materiales- serán los últimos en cobrar. La plantilla ya ha cobrado buena parte del 1,5 millón de euros que le corresponde en concepto de indemnización, aunque todavía le quedan pendientes de ingresar 250.000 euros.
Ahora solo les cabe esperar. Tampoco tienen muchas más opciones. De los 85 trabajadores que había en la fábrica, solo un 10% ha encontrado trabajo, según los datos que maneja el comité de empresa. Algunos se han recolocado en servicios de mantenimiento de empresas de aluminio, congelados y servicios pero solo uno, del departamento comercial, ha conseguido mantenerse en el mismo sector. Los demás siguen buscando, aunque las perspectivas no son buenas. «Non hai traballo en ningún sitio», explica el presidente del comité de empresa, Ramón Conde Bouzón, y con 50 años a sus espaldas el futuro laboral se complica. El suyo es un caso paradigmático. En Cedonosa había varios trabajadores que superan esta edad por eso desde los sindicatos siempre defendieron la opción de un «ERE natural». Es decir, evitar despidos y ajustar la plantilla progresivamente mediante prejubilaciones. Al final la solución fue mucho más drástica. «Eu sa sabía que o que quería a empresa era pechar a fábrica, o resto eran desculpas», señala Conde Bouzón
La agonía de Cedonosa empezó a escribirse el 1 de mayo del 2008. Los sindicatos eligieron esta fecha significativa -Día del Trabajador- para convocar la primera de otras manifestaciones que vendrían después. El lema con el que salieron a la calle rezaba «Polo mantemento dos postos de traballo e a viabilidade da empresa» y fueron secundados por un millar de personas. En aquella fecha, Cedonosa estaba ya sumida en una suspensión de pagos debido a las deudas contraídas con los proveedores, que entonces se cifraban en 15 millones de euros, y ya llevaba una semana sin producir debido a que Endesa le había cortado el suministro eléctrico. Pese a ello, los trabajadores continuaron acudiendo a sus puestos de trabajo.
En septiembre de ese año se celebraba una segunda manifestación por las calles de Catoira. Para entonces, la empresa ya había presentado un expediente de regulación de empleo que afectaba a un tercio de la plantilla, que el comité rechazaba de plano. Creían que no era necesario y así lo consideró después el Juzgado de lo Mercantil, que desestimó la propuesta de la empresa.
En todo caso aquello fue una victoria breve. El año 2009 comenzó muy mal. Los administradores judiciales de Cedonosa solicitaban al juzgado de lo Mercantil número 1 de Pontevedra el cierre y el cese total de la actividad de la empresa alegando que la continuidad resultaba ya inviable «dada su situación económica y el contexto económico actual».
En busca de apoyos
Así pensaba también el consejo de administración y los accionistas de Cedonosa, pero no los trabajadores que, para entonces, seguían diciendo que la empresa todavía se podía reflotar. Buscaron apoyos en la Administración para conseguir ayudas y para atraer a algún empresario dispuesto a invertir en una empresa que, aunque endeudada, todavía tenía una cartera de clientes importante y una marca de prestigio en el mercado: Ferrogrés.
Quemaron los últimos cartuchos. El 24 de enero se volvían a poner detrás de pancarta . «Os traballadores non se dan por vencido», decían entonces, pese a que ya se había puesto fecha de defunción para Cedonosa: el 31 de enero.
Los peores pronósticos se cumplieron aunque no se materializaron hasta marzo, con el auto del Juzgado de lo Mercantil 1. El 6 de marzo fue el último día que acudieron a sus puestos de trabajo y el día 7 estaban ya en el paro, con una indemnización de veinte días por año trabajado, con matices en función de la antigüedad. A cada trabajador le correspondía una media de 20.000 euros.
Como la liquidación tardaba, la plantilla tomó medidas. El 15 de marzo levantó un campamento a pie de fábrica con el fin de evitar que la empresa retirara, y vendiera, la mercancía (gres) almacenada en el interior. La deuda se cifraba entonces en 13 millones de euros de los cuales 1,5 correspondían a la plantilla. Las guardias a pie de fábrica se realizaron las 24 horas durante varios días, y en abril todavía hubo movilizaciones a las puertas de los juzgados en Pontevedra. Ya no quedaban más cartuchos por quemar.
La plantilla espera ahora que le liquiden el resto de la deuda y cada martes por la tarde se reúne a pie de fábrica, al lado de la vía del tren, para conocer las novedades y departir un rato entre compañeros de fatigas.