De puertas adentro, incluso la gente del Partido Popular comenta que el Hospital do Salnés necesita bastante más
31 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Todos los gobiernos que han sido, y llevamos ya unos cuantos en este país, han sentido la tentación de maquillar las cifras de la sanidad pública. La amplia etapa del fraguismo acuñó un notable magisterio en esta particular suerte del control de la información. Tampoco el bipartito le hizo ascos. Y el nuevo turno conservador en el poder no constituye una excepción a la regla. Esta semana, la conselleira Pilar Farjas desembarcó en el Hospital do Salnés para anunciar, con las estadísticas en la mano, que las listas de espera se están reduciendo. En realidad, todo depende de la óptica que se aplique al fenómeno. Quien les escribe ha visto, sobre la mesa de algún despacho, montañas de expedientes a los que todavía no se les había dado curso. Antes, durante y después. Así que puedo asegurarles con convencimiento de converso al antitabaquismo que nada hay más esquivo y manipulable que los números sobre tiempos y porcentajes de espera.
El segundo mensaje que la conselleira trajo a la capital arousana se refiere a la apertura de la tercera planta del hospital comarcal. Bien, pero incluso gente del propio Partido Popular comenta, de puertas adentro, eso sí, que el complejo de Ande, y con él el área sanitaria de O Salnés, necesita un impulso definitivo. No es de recibo, por ejemplo, que las consultas de cardiología sigan dependiendo de las idas y venidas de médicos desde Pontevedra o Santiago. Tampoco que no exista una unidad de cuidados intensivos, lo que en resumidas cuentas supone que ninguno de los potenciales pacientes de esta comarca, que se dice puntera y dinámica, puede ser atendido de una afección tan común como un infarto sin ser trasladado al Complejo Hospitalario de Pontevedra.
Todo este tipo de cuestiones pesaron como una losa sobre la espalda del bipartito autonómico, capaz de eliminar, como había prometido, la figura de la fundación pública sanitaria, pero lento e ineficaz a la hora de abordar la ampliación definitiva de la dotación del hospital.
El futuro del área sanitaria
El PP de O Salnés, y muy concretamente el de Vilagarcía, se volcó en el combate contra la política sanitaria de la socialista María José Rubio . Este factor es el que probablemente explique lo rápido que se retractó la Xunta conservadora para anunciar una inversión de 1 millón de euros en el Hospital do Salnés cuando, días antes, el centro de Ande estaba prácticamente ausente de los presupuestos autonómicos. Sus propias declaraciones apuntan a que Farjas no cree demasiado en un área propia para O Salnés, y sí en su integración en un amplio esquema que englobe, en su conjunto, al norte de la provincia.
Pero lo preocupante no es la apuesta por un modelo como este, perfectamente legítimo si su resultado es una mejor atención, sino la forma en la que la consellería está abordando la financiación de los futuros centros hospitalarios. En el territorio arousano pasó desapercibido, pero el mismo día que la conselleira aterrizó en Vilagarcía también estuvo en Vigo, donde confirmó que la empresa que construya el nuevo hospital explotará todos los servicios no sanitarios, desde la lavandería a la alimentación, pasando por información, cita previa, y tampoco es descartable que incluso áreas como la fisioterapia.
Se trata de un modelo aplicado en el Reino Unido desde las durísimas épocas del thatcherismo. Su conclusión es un coste para las arcas públicas que a largo plazo se multiplica por seis o por siete, una merma importante de la comodidad del paciente, incluso de su alimentación, sometidas ambas a la extracción de beneficios económicos, y muchos otros efectos tan poco deseables como bien estudiados por los expertos. Sucede, sin embargo, que, al hacerse cargo la empresa adjudicataria de la inversión precisa para construir el edificio (no las expropiaciones, por cierto, que paga el Estado) esto permitirá a la Xunta presumir de nuevos centros sin incrementar su nivel de endeudamiento. En otras palabras, más de cierta austeridad que pone los pelos de punta cuando es el mismísimo Zapatero quien se apunta a semejante moda, con el anuncio de un recorte de 50.000 millones de euros en el gasto público.
Todo ello se acompaña de una terrible precarización del empleo asociado a la gestión hospitalaria. Si desean un ejemplo, sepan que Eulen, la empresa que hasta ahora gestionaba el servicio de cita previa en O Salnés, ofrece 17 horas semanales en el área de información del hospital, que sigue en sus manos, y apenas 300 euros, la mitad de lo que cobraban, a los empleados que se quedan en la calle. Envidiable perspectiva, ¿no?