Una vida de fórmulas magistrales

AROUSA

Francisco Pavía llegó a Santiago para estudiar Farmacia y allí conoció a Sara, su mujer. En 1959 compró una botica en Vilanova y ya no se marchó

27 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los más viejos de Vilanova todavía recuerdan esta farmacia como la de doña Avelina, la viuda de Pepe Roig. Y es que cuando Francisco Pavía la compró, hace medio siglo, esta tenía ya su historia detrás. Eran los tiempos en que las farmacias eran boticas, de las medicinas despachadas a granel y en los que el farmacéutico era casi como un segundo médico. Cincuenta años después, este negocio ha cambiado mucho, según explica su actual propietario, Diego Pavía.

Él es la tercera generación de una familia de larga trayectoria en este oficio. Su padre era farmacéutico, pero también lo fue su abuelo, Francisco Pavía Redón, allá en su Castellón natal, y un primo de este. Diego Pavía quería hacer del deporte su profesión -hizo sus pinitos en el tenis y el fútbol- pero en sus años de estudiante todavía no había llegado la carrera del INEF a Galicia y como ir a Madrid «no me apetecía» se decantó por Farmacia.

Era un mundo que conocía desde niño. De toda la vida recuerda ver a su padre entre productos químicos y tras el mostrador y desde 1995 es él quien sigue con la tradición familiar. En la de Pavía se sigue realizando formulación magistral, o lo que es lo mismo, elaboran medicinas en su propio laboratorio, «pero ahora se hace mucho menos que antes». Ya los grandes laboratorios se encargan de suministrar a un sector que cada vez demanda más género; la población ha aumentado, la gente se medica más y vive más años lo cual ha contribuido a que crezca también la oferta. Cuando Pavía se instaló en la calle Francisco Reiriz solo había dos boticas en el municipio; actualmente hay siete.

La farmacia es hoy, también, un escaparate de productos de higiene y belleza de modo que toca reciclarse. La de Pavía tuvo dos reformas en su trayectoria, una en 1975 y otra este mismo año, pero tras este lavado de cara queda mucha historia detrás. Medio siglo de existencia ha dejado un amplio anecdotario cuyo capítulo más gracioso es, sin duda, el que se escribe con las acepciones empleadas por algunos clientes a la hora de pedir las medicinas.

«Viva el Perú»

Así que es imposible no esbozar una sonrisa cuando Diego Pavía relata el caso del que llegó pidiendo «Viva el Perú» cuando quería decir Vik's Vaporub ; el que quería comprar un «genético» en vez de un genérico; la clienta que se preocupaba por las «contradicións» cuando se quería referir a las contraindicaciones o el que confundió una aspirina «fluorescente» con una aspirina efervescente.

En el capítulo de las anécdotas menos amables se sitúan los atracos. Los ochenta fueron años duros en Vilanova. El problema de la drogadicción pasaba por su peor momento y los toxicómanos no dudaban en robar cuando el mono asomaba. «Nosotros teníamos el tráfico de drogas justo enfrente y dos o tres veces nos encontramos con las verjas dobladas y cosas por el estilo».

En una ocasión, los ladrones fueron más allá. Diego estaba en la farmacia, junto a un auxiliar, cuando un hombre con la cara tapada intentó perpetrar un atraco a mano armada. En la de Pavía lograron disuadirlo y el delincuente escapó antes de culminar su objetivo, pero sí lo consiguió poco después en una farmacia de Ribadumia, recuerda Diego.

Seguro que su padre podría recordar muchas más situaciones que a su hijo, por edad, le quedan lejos, pero su salud ya no le permite conversar como solía hacerlo. En la farmacia, entretanto, continúa el trasiego y el trabajo, también en Navidad.