EU parece dispuesta a buscar, en lo que resta de mandato, un espacio que posibilite un pacto con PSOE y BNG tras el 2011
06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Que en Vilagarcía la cultura de los pactos de gobierno no está demasiado arraigada es cosa bien conocida. La capital arousana se ha abonado a otro tipo de acuerdos, previos a la constitución de las corporaciones municipales, por ejemplo. Las coaliciones en sentido estricto, sin embargo, solo han existido en dos períodos tras la recuperación de la democracia. En el primer mandato municipal, protagonizada por PSOE y PCE, y en este movido tiempo al que asistimos, en el que los socialistas y el BNG defienden un bipartito en minoría.
No es cuestión de recordar ahora la trayectoria del desencuentro entre las dos fuerzas que gestionan los derroteros del Concello y Esquerda Unida, el teórico tercer pie que desde aquellas iniciales negociaciones dijo no. Sí resulta interesante, en cambio, analizar la mudanza experimentada por las relaciones entre unos y otros en el corto plazo de un mes.
Desde los trastos tirados a la cabeza ante el rechazo de Juan Fajardo y los suyos a la relación de puestos de trabajo y la ordenanza sobre las terrazas, a la constatación por parte del portavoz del Partido Popular, Tomás Fole, de que en la capital arousana funciona un tripartito de facto ha mediado una única sesión plenaria. Bien es verdad que este segundo debate sirvió para dar la vuelta por completo al panorama anterior. Así que cabe preguntarse, con toda lógica, si Fole lleva razón en su reproche sobre la existencia de un pacto entre la izquierda.
Lo primero que es preciso aclarar es que no se ha cerrado ningún acuerdo de tal alcance que permita hablar de un gobierno compuesto por las tres formaciones. Ni lo hay ahora ni lo habrá en lo que resta de mandato. Otra cosa son las impresiones que emanan de socialistas, nacionalistas e izquierdistas tras el trompicado asunto de la RPT y las terrazas, cambiante como una tortilla al vuelo a la espera de caer en la sartén.
La ratificación de la RPT
Vayamos por partes, empezando por la que le toca a Ravella. Desde hace meses es evidente que el bipartito ha renunciado a buscar la aritmética de mayorías que precisa en el independiente José Luis Rivera Mallo (habrá que ver, haciendo un inciso, qué futuro le aguarda a su incómoda aunque certera denuncia sobre la aprobación del organigrama laboral del Concello). Siendo esto así, su única alternativa reside en el entendimiento con los tres concejales de EU. Que la cosa tampoco es fácil lo demuestra el hecho de que el grupo que lidera Fajardo se abstuviese a la hora de ratificar la RPT, en lugar de prestarle un respaldo afirmativo expreso después de la que había caído.
No obstante, sí existe un factor que marca diferencias con el pasado. De la trayectoria reciente de EU parece extraerse la disposición a buscar un espacio común, un terreno de encuentro mutuo con el PSOE y el BNG. La construcción de este humus sobre el que levantar un futuro tripartito debe sustanciarse a lo largo del año y medio que queda de mandato. Porque en la antigua casa del Partido Comunista se tiene la clara percepción de que solo una alianza entre la izquierda podrá garantizar la estabilidad del gobierno municipal a partir de las elecciones del 2011. Siempre, vaya por delante, que las denominadas fuerzas progresistas sean capaces de contener el previsible ascenso del Partido Popular No existe, por lo tanto, ningún tripartito, ni habrá nada parecido hasta transcurridos los comicios. Lo que puede funcionar es un entendimiento básico que asiente los cimientos del gobierno que viene. Si es que este recae, de nuevo, en la orilla zurda de la política vilagarciana.
La torre del antiguo poder
Este es, en abstracto, el ánimo que se respira ahora mismo. Falta rellenar los huecos con las personas que deben plasmar, en la realidad concreta, una coalición de tales características. Porque, a decir, verdad, en Vilagarcía ninguna formación política parece tener muy claro quién se presentará bajo sus siglas en la siguiente liza electoral.
Para colmo de males, como interpretando a su aire una cuarta parte virtual de El Señor de los Anillos , en Vilagarcía vuelve, o quiere volver, a cobrar forma un antiguo poder. Sus partidarios trabajan levantando su particular torre desde los cimientos y proponiendo incendiarias iniciativas contra la nueva vía instalada en Ravella, que sin embargo por ahora no han llegado a concretarse. El que avisa no es traidor. Aquí hay tomate.