Sobre todo lo conocen por cantar con los Beyer Boy's pero Anselmo puso voz a media docena de grupos hasta fundar Solara. Su hijo se decantó por los teclados
29 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Anselmo iba para marinero pero la música se cruzó en su camino y ya no la abandonó. «Aos 14 anos empecei a ir ao mar co meu pai, pero cos amigos dos Beyer Boy's entroume o bicho da música». Se refiere a Evaristo, Carlos, Juan José y a Pepe o Rubio con quienes en 1966 puso en marcha el grupo musical que más daría que bailar y hablar en O Grove. En mayor o menor medida todos siguieron ligados a la música; Anselmo la convirtió en su profesión y su forma de vida.
Empezó como cantante y cuatro décadas después seguía encima de los escenarios, también «rascando» la guitarra. Pero su instrumento por excelencia es la voz, una cualidad que heredó de su padre «que cantaba moi ben, mentres preparaba as reeiras para ir ao centolo», recuerda.
Sus primeros pinitos los hizo en Los Dandys de San Vicente. El músico-zapatero de O Grove, Pepe Silva, le echó el ojo y lo fichó, junto a Carlos Padín, para la Orquesta X. Pero la ilusión estaba puesta en formar un grupo propio y así fue como nacieron los legendarios Beyer Boy's, que catapultaría a la fama a estos cinco amigos de O Grove. Pero la fama tiene también sus servidumbres así que «con moita dor de corazón», Chapeliño dejó a los Beyer y aceptó la tentadora oferta que le hicieron Los Duendes.
Con apenas veinte años llegó otra obligación: la mili. Pero ni con esas dejó el micrófono. En la base de Marín coincidió con un grupo de militares-músicos y se convirtió en el vocalista de Los Burdons, junto con otro beyer , Juan José Liriño, que tocaba el bajo.
Con el servicio militar cumplido había que elegir: volver al mar o tratar de vivir de la música, y Anselmo lo tuvo claro. Su próxima parada fue con Los Magos de España, que le llevaron a tocar en una estación de invierno en Suiza y a seguir ruta por Alemania. Dos años después, se volvió a juntar con Evaristo y Carlos «e uns chavales de Poio e de Marín» y formaron Solano. Aquella aventura duró tres años y fue el preludio de Solara, la última parada de Chapeliño. La formación nació en O Grove en 1978 y hoy sigue al pie del cañón.
Anselmo ha sido testigo de excepción de los cambios en la forma de trabajar de las orquestas y ha tenido la oportunidad de ver como su hijo seguía sus pasos. «É moi intelixente pero como os exámenes danlle pánico díxenlle que había que poñerse a traballar». Con quince años andaba ya Juan Carlos entre bafles e instrumentos y poco tardó en ponerse al frente de los teclados.
Públicos para todos los gustos
Al abrigo de Solara, ambos recorrieron Galicia y el norte de España, lo cual les ha dejado un montón de vivencias y amigos. Solara llegó a tocar sobre un carro, al lado de una cuadra con vacas en la Costa da Morte, y a hacerlo ante un público de 20.000 personas en Oviedo. La crisis también se nota, afirman, pero afrontan la temporada del 2010 con las ilusiones renovadas que le da hacerlo con nueva productora: Sito Mariño.