La estrategia del PP pasa por aislarlo mientras Ravella busca apoyos lejos, en EU. El líder de Ivil tiene motivos para no casarse con nadie
22 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La alianza del Partido Popular con todo tipo de formaciones políticas independientes, sin importar que en el pasado se hayan producido encontronazos fratricidas, es una constante en la provincia de Pontevedra y en media Galicia cuando se trata de sumar alcaldías al zurrón conservador. El caso de Vilagarcía, sin embargo, es peculiar. Desde la creación de Ivil a cargo de José Luis Rivera , en 1998, la relación entre ambas organizaciones se ha caracterizado por un tira y afloja con más momentos de crispación que de distensión. Ha habido reuniones e incluso intentos de reunificación, pero todas ellas han culminado en sonoros fracasos. Y, aunque la teoría indique que un acuerdo de estas características sería fundamental para que la gaviota volase con garantías hacia la alcaldía en el 2011, la estrategia de los populares apunta a todo lo contrario.
Rivera Mallo no está, desde luego, satisfecho con el comportamiento del PP hacia su persona y la formación que lidera. La última de las aproximaciones protagonizadas por los conservadores tuvo lugar poco antes de las elecciones autonómicas del 1 de marzo. Al fundador de Ivil se le pidió que trabajase el voto de su gente para la causa de Alberto Núñez Feijoo . Así fue, y los resultados funcionaron: la gaviota recuperó su condición de primera fuerza de Vilagarcía en unos comicios gallegos, que había perdido en el 2005. Desde entonces, nada de nada. Con el oso cazado y la piel vendida, los populares no han vuelto a dar señales de vida. Ni parece que, por el momento, lo vayan a hacer.
La verdad es que el PP de Vilagarcía vive sus propias tensiones, sin necesidad de acudir al exterior para incrementarlas. Consciente de ello, Rivera echó un capote público al presidente local de los conservadores, Tomás Fole, en plena polémica sobre la presidencia de la Autoridad Portuaria, recordando que a él también le habían segado la hierba bajo los pies desde la propia casa popular.
Desde luego, a Fole le sería extraordinariamente provechoso negociar con Ivil una reunificación previa a las elecciones municipales del 2011. Un movimiento de esta envergadura reforzaría su papel al frente de la agrupación local y de la candidatura. Lo malo es que la dirección provincial no lo tiene tan claro. Es más, en los círculos de decisión de Pontevedra se apuesta, más bien, por aislar al veterano político vilagarciano para tratar de eliminarlo por pura inanición electoral. No darle cartas que jugar desde la oposición municipal significa, calculan desde arriba, dejar a Rivera sin influencia ni capacidad de maniobra en el Concello, abocándolo a la desaparición en los próximos comicios sin necesidad de pactar nada con él. Aunque quisiese, no parece que la ejecutiva conservadora de Vilagarcía tenga medios suficientes para hacer prosperar una negociación de estas características, máxime en contra del criterio de la cúpula pontevedresa. Así que por la diestra la cosa no pinta bien.
A izquierda y derecha
¿Y en la banda zurda del espectro ideológico? Tampoco son alegrías, precisamente, lo que el ala progresista de la corporación municipal está deparando a Ivil. Lejos de aquellos tiempos en los que Javier Gago era capaz de superar antiguas aversiones para encontrar en los concejales independientes una fuente de acuerdo político y estabilidad para su gestión en minoría, el PSOE y su socio de gobierno, el BNG, buscan ahora el concurso de Esquerda Unida a la hora de procurarse apoyos en el pleno. Veremos en qué acaba el affaire de la relación de puestos de trabajo y de la ordenanza sobre las terrazas de la hostelería, pero en principio la brújula de Ravella no apunta precisamente a Independientes por Vilagarcía.
La llave del futuro
Sin interlocutores ni a derecha ni a izquierda, José Luis Rivera tiene buenos motivos para no casarse con nadie. Claro que dejar volar a Ivil sin compromisos de ninguna clase entraña un riesgo y una buena dosis de incertidumbre. En las elecciones pueden pasar dos cosas: que los independientes vuelvan a obtener representación o que desaparezcan del Concello. En este último caso es posible que retengan los votos suficientes como para privar al PP de la mayoría absoluta, la única fórmula que permitiría gobernar a la gaviota. Mientras que si logran algún acta, y en un contexto que se prevé de gran igualdad, Rivera podría convertirse en la llave del futuro político de la ciudad. Sin ataduras de ninguna clase para hacer cuanto le apetezca.