El vino de Diamantina

AROUSA

Diamantina enviudó y se vio obligada a reabrir su antiguo furancho, que está situado en la parroquia de Sisán, en Ribadumia. Uno de esos loureiros de verdad, de los que ya casi no quedan, en los que te llevas la comida y les compras el vino, que en este caso dicen los que saben que es de muy buena calidad. Antes Diamantina y su marido vendían toda su producción a otro templo de la comida casera y sin adornar, el Tío Benito de Barrantes. Grandes domingos de pulpo, cordero y lacón con grelos he pasado yo allí. Y qué brazo de gitano. Diamantina, además de tener un nombre tan sonoro y diferente, no es joven precisamente. Al menos no en años, aunque yo creo que sí en espíritu, porque hay que ser muy joven para liarse la manta a la cabeza y reabrir un negocio. Y más aún si no se tienen veinte años y en los tiempos que corren. Con la dichosa crisis. Yo me he propuesto ser más cómo Diamantina. Positivo, emprendedor, echado para adelante. Pensar más que al mal tiempo buena cara y que lamentarse no soluciona tus problemas. Si lo consigo, prometo hacer una buena tortilla de patatas, invitar a un par de amigos e ir al furancho de Diamantina para celebrarlo con su buen vino.