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Los intentos de agresión al homicida confeso de Christian Willisch han sido una constante en los tres días de juicio
13 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Ayer no fue una excepción. Por tercer día consecutivo, familiares y allegados de Christian Willisch, el joven de A Illa muerto de una puñalada en septiembre del 2007, trataron en vano de agredir al autor confeso de la cuchillada. Y como viene siendo habitual, policías y guardias civiles se lo impidieron. Al igual que ocurrió en los días precedentes, algunos trataron de descargar la adrenalina con periodistas y reporteros gráficos.
Aunque las escenas de mayor violencia ocurrieron al término de la vista oral, la tensión que se desató fue fraguándose a medida que se celebraba el juicio. A medida que prestaban declaración los peritos, se comenzaron a palpar atisbos de crispación que tuvieron una primera explosión en la figura de un joven allegado de la víctima que tuvo que ser expulsado de la sala de vistas por tres guardias civiles. Ocurrió durante las conclusiones del abogado del principal encausado, Antonio Pouso, cuando, visiblemente nervioso y con las lágrimas surcándole el rostro, trató de aproximarse al banquillo de los acusados al grito de «¡arrepiéntete, arrepiéntete xa!». Instantes después, el magistrado decidió que no se tomasen medidas legales contra el vilanovés. Consideró que si bien fue una reacción entendible, no podía producirse en la sala de vistas.Los ánimos, poco a poco, se fueron caldeado. De nada ayudó que este letrado manifestase que no se podía hablar de asesinato porque Christian fue alertado de la presencia del cuchillo. Y «el que avisa, no es traidor».
Ya antes se había ganado algunos epítetos desde el público cuando interrogó a dos psiquiatras. Estos manifestaron que Pouso no presenta patologías y que es capaz de distinguir entre el bien y el mal. Fue entonces cuando les vino a preguntar qué entendía por distinguir entre el bien y el mal, «porque creo que ni el Vaticano lo tiene claro».
Así las cosas, terminó el juicio y de nuevo se reprodujeron los incidentes. Acompañados de gritos de «asesino», «tes a morte comprada» o «acuerdate de mi cara», así como de insultos, un grupo de personas trató de alcanzar el furgón de la Guardia Civil en el que Antonio Pouso era conducido a la prisión de A Lama.
Apenas un joven estuvo cerca de consumar este propósito siendo frenado por los agentes.