Las contradicciones de Fexdega

AROUSA

La Cámara y la Xunta rechazaron la feria del mueble portugués, pero aplauden ahora que el sector luso domine la multisectorial

11 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los problemas no son cosa reciente. Vienen de muy atrás. Una tarde de verano, corría julio de 1997, Emilio Gallego , entonces prócer del ramo en la Xunta que pilotaba Manuel Fraga , abroncaba con voz atronadora a los gerentes de los recintos feriales de Galicia. «Esto -resonaba en los corredores vacíos de San Caetano- es una auténtica ruina». Que el modelo vigente en el país de los cinco mil castros necesita un repaso a fondo es evidente desde fecha tan lejana. Fraga ni siquiera había firmado aún su tercera mayoría absoluta, y los fexdegas, ferias de muestras y semanas verdes daban muestras ya de un agotamiento cierto, al que ni el transcurso de 12 años ni el fugaz cambio de tercio en los despachos autonómicos han sabido encontrar remedio.

Como en muchas otras cosas, también en la planificación de este tipo de infraestructuras debería imperar una suerte de sentido común que dejase a un lado el combate partidista. No sucedió con el bipartito, por desgracia, pero tampoco acontece ahora que el Partido Popular ha recuperado el poder. Cabe recordar al concejal conservador Jesús Pérez Arca, que hoy desempeña también un acta de diputado en el Congreso, cuando el año pasado tiraba con bala contra la feria multisectorial que, por última vez, se desarrollaba bajo el mandato de la antigua Consellería de Industria del BNG. El edil fue duro. Aquel evento que 30 años atrás generaba oportunidades de trabajo durante varios días y de negocio durante semanas estaba hecho una pena. Era verdad. Pero no más que el certamen que el viernes abrió sus puertas en A Maroma. Entre el ejercicio anterior y este mes de octubre no ha cambiado nada para Fexdega, más allá de la composición del patronato. El PP ahora no lo critica, faltaría más, pero el tema está igual. Solo el loable empeño de un puñado de fieles expositores es capaz de hacer que otra vez se levante el telón.

Una revisión urgente

El funcionamiento, la propia orientación del recinto de Vilagarcía, necesitan una revisión urgente. Pueden buscarse culpas a través del tiempo, despistes, descuidos y faltas de atención, probablemente desidia en la prolongada decadencia que culminó en la cutre edición de 1998, pero lo cierto es que hoy ya no es posible organizar una feria multisectorial como aquella que atraía gente y dinero al relleno portuario. Habrá que ir pensando en potenciar de forma decidida e inteligente los eventos unisectoriales, temáticos, esos en los que las empresas de un ramo determinado sí se mueven a fondo. Habrá que ir meditando sobre otros tipos de rentabilidad, porque, además de los cuartos, el buen uso de Fexdega puede generar también beneficios sociales, no tan fácilmente cuantificables pero igualmente interesantes a la hora de amortizar la fuerte inversión pública ejecutada en su construcción.

Curiosamente, aquí parece jugarse a todo lo contrario. Se regatean a fondo los servicios para eventos como la Vilagarcía Basket Cup, que sitúa a la capital arousana en el mapa baloncestístico internacional. Se negocia con rigor de implacable comerciante fenicio la posibilidad de que los conciertos de las fiestas de San Roque se sigan celebrando allí, hasta el punto de que vuelan de vuelta a A Xunqueira. Pero, al mismo tiempo, se permite, con alegría torera, que la capital arousana renuncie a la feria del mueble portugués, que durante dos años había acogido Fexdega.

Aquella gente pagaba religiosamente la ocupación de los 7.000 metros cuadrados de A Maroma, empleaba a un centenar de montadores que comían, bebían y dormían en la ciudad, generaba un buen negocio en el mortecino mes de noviembre. La Cámara de Comercio y la Xunta cedieron, en cambio, ante la presión del sector mueblero local y decidieron que el asunto no interesaba. Punto y final.

Cualquiera puede entender la inquietud de los muebleros de Vilagarcía y A Estrada ante la competencia que llega del sur. Pero no la intervención que en este caso han tenido las dos instituciones a las que los empresarios gallegos se dirigieron. No hay nada peor que no saber lo que se quiere. Ni un solo argumento puede justificar que Fexdega no siga acogiendo la célebre feria del mueble portugués. ¿No habíamos quedado en que el capital no tiene fronteras? ¿No residía el secreto de la prosperidad en abrirse al exterior y plantar cara? Si ellos vienen ¿no podemos nosotros ir? ¿Cómo es que a las primeras de cambio le cerramos la puerta en las narices al sector luso, que se dejaba en ello sus euros? Pero es que además, oiga, es que además siguen aquí. Vayan a Fexdega. El 40% del recinto está ocupado por... ¡muebleros portugueses! Y todo el mundo aplaudiendo. Coherencia a tope y subiendo.