Ocho años después de que Taín acusara al ex alcalde de Ribadumia de formar parte de una red que descargó 430.000 cajetillas de rubio en Vigo, el juicio sigue sin fecha
25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Un alijo de cajetillas de tabaco con nombre de helado de chocolate provocó en el 2001 la caída de uno de los alcaldes más peculiares de la comarca y una de las crisis más notables en el PP gallego. Esa primavera, el Servicio de Vigilancia Aduanera se encontró en unos contenedores del puerto de Vigo, camufladas en una partida de flotadores y pelotas, 430.000 cajetillas de tabaco rubio húmedo, picado y mal embalado. Los paquetes eran de Magnum, una marca que no se comercializaba en España pero sí en el Reino Unido, y de Winston. A raíz de esa investigación se detuvo a 17 personas; entre ellas, al entonces alcalde de Ribadumia, José Ramón Barral; a su hermano Feliciano, presidente local de la agrupación popular, y a un vecino de la localidad, José Manuel Martínez Serantes.
En la mañana del 14 de mayo, Nené Barral todavía resolvió «con hombría» los asuntos municipales en su despacho de la casa consistorial. Fue por la tarde cuando recibió la inesperada visita del Servicio de Vigilancia Aduanera, que lo detuvo acusado de un supuesto delito de contrabando. Que Nené Barral podría haber amasado su fortuna con el negocio del rubio de batea era un secreto vox populi en la comarca, pero hasta entonces nunca nadie lo había acusado en firme. Detrás de la investigación de Aduanas estaba el entonces titular del Juzgado número uno de Vilagarcía, José Antonio Vázquez Taín. Era una pelea entre titanes.
Mientras el alcalde estaba en la cárcel, en los despachos del PP se libraba la tormenta política. Por si acaso, tanto Xesús Palmou (secretario general de los conservadores gallegos), como Rafael Louzán (que había crecido en la política de la mano de Barral y ya era entonces vicepresidente de la Diputación) marcaron distancias. El primero aseguró que el todavía regidor popular sería expulsado del partido si se demostraba su implicación, y el segundo se apresuró en demostrar que no tenía nada que ver con los negocios particulares de su antiguo mentor.
En realidad, ni siquiera esperaron a que se demostrase nada. Dos días después de la detención, nada más salir Nené de la cárcel reconociendo que había cometido un error, el PP destituyó de sus cargos tanto al alcalde como a su hermano. Barral se vio obligado a dejar la alcaldía de Ribadumia presionado por el partido. Dijo, con lágrimas en los ojos, que lo hacía para no enturbiar el nombre de su pueblo. En su lugar quedó Salomé Peña, la alcaldesa más joven de Galicia, y ahí finalizó la depuración política. Se temía que el asunto salpicase a Louzán, pero no solo no fue así sino que el político arousano se hizo, poco después, con la presidencia de la Diputación de Pontevedra.
Arropado por los vecinos
Nené Barral estuvo cabizbajo los primeros días, pero el apoyo de sus vecinos ayudó a levantarle el ánimo. En su despedida lo arroparon con vítores, aplausos y frases de cariño, y Barral, que a lo largo de sus 14 años en la alcaldía había hecho muchos favores, se dejó querer cuando lo animaron a que presentara una candidatura independiente.
Puede que le hayan dolido las traiciones personales, pero que el PP le diese la espalda tampoco le importó demasiado. Barral accedió a la alcaldía en el año 1987 de la mano de Alianza Popular, y después se sumó a las siglas del PP, pero en realidad siempre fue por su cuenta. De hecho, no mucho después de salir de la cárcel reconoció que él no creía en la política «ni en algunas personas que trabajan en ella», y que si se presentó como alcalde fue para trabajar por su pueblo.
Independiente
El campanazo lo dio dos años después, cuando hizo caso de lo que sus incondicionales le susurraban al oído y se presentó a las elecciones con una candidatura independiente. Quedó casi empatado con el PP, que lidió una vergonzante guerra por dos cuestionados votos y se hizo con una pírrica victoria. Hubo quienes dudaron de que Barral, aconstumbrado a mandar, se sintiese cómodo en la oposición, pero ahí sigue.
Eso en lo que tiene que ver con la tormenta política. Pero, ¿y la investigación judicial? Siguió su curso, y a la lista de imputados en la presunta red de contrabando internacional se sumaron después tres guardias civiles y dos agentes de aduanas.
Hasta que todo se paralizó. Los trámites llevan años dormidos en el juzgado número uno de Vilagarcía, del que ya hace años que se marchó Taín. Están a la espera de una rogatoria hecha a Suiza para que aporte una serie de datos clave en la investigación. Pero según Feliciano Barral, «é a terceira vez que a piden, xa lles veu denegada en dúas ocasións».
Un año después de salir de la cárcel, Nené admitió su relación con aquellas partida de tabaco que lo descabalgó de la alcaldía, pero en su descargo, aseguró que no se trataba de contrabando, porque estaba en un puerto franco y su destino no era la UE. Además negó ser el dueño de la mercancía y se autocalificó como intermediario.
Es lo que su defensa sigue manteniendo ocho años después. Y todavía sin fecha de juicio. «Pensaron encontrar petróleo e atoparon auga», sentencia Feliciano.