Dentro del mundo de la coctelería existe una especialización, la acrobática, que exige un derroche de concentración, precisión e ingenio. El público se deja encandilar y los artistas se convierten en los magos de los combinados.
-¿Cómo se llega a ser coctelero acrobático?
-Probando. Llevo más de veinte años trabajando en la hostelería convencional y casi tres en acrobacia.
-¿Cuantas botellas ha roto en su vida?
-No sé, pero espero que me queden todavía muchas que romper. La verdad es que en los concursos arriesgas más pero al final se te caen las mismas botellas en la hostelería convencional que en la acrobacia.
-¿Hay concursos y convenciones?
-Si, pero en Galicia muy pocos. Los mejores están en las grandes ciudades y en las zonas de playa. Obviamente el verano es la temporada alta.
-¿En todo el mundo es igual?
-No, en Europa las cocteleras son de tres cuerpos y en América son de dos, siendo el vaso una de las partes.
-¿Y hay que respetar la coctelería tradicional en cuanto a medidas?
-Por supuesto, eso es vital. Al final, al margen del espectáculo, tienes que hacer los cócteles como realmente son. Un bloody-mary tiene que ser siempre un bloody-mary.
-¿Son más magos o gogós?
-Un poco de todo. El objetivo es llamar la atención de la gente desde la barra. Se acaban acercando y prueban los resultados.