La gaviota está apretando para concentrar el voto conservador de cara a las autonómicas. Reintegrar a Ivil es una de sus metas
16 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La relación de amor-odio entre el Partido Popular e Independientes por Vilagarcía suma ya diez largos años, en los que los conservadores vilagarcianos han concurrido por separado a las elecciones. Esta situación ha supuesto un enorme quebradero de cabeza para las huestes de la gaviota, que han quemado presidente tras presidente, candidato tras candidato, hasta recuperar la estabilidad en la figura de Tomás Fole . Mientras, el líder de Ivil, José Luis Rivera Mallo , ha ido jugando sus cartas hasta convertirse en pieza imprescindible de la política local. Lo de menos es que su representación municipal haya ido menguando paulatinamente de tres a dos y de dos a un concejal. No es extraño, por lo tanto, que cada vez que unos comicios asomen la nariz en el horizonte, el PP intente atraer de nuevo a la gente de Rivera a la antigua casa común.
Esto es, precisamente, lo que vuelve a suceder ahora que las elecciones autonómicas están a punto de convocarse. El número uno del PPdeG, Alberto Núñez Feijoo , está convencido de que la factura de la crisis económica sobre el bipartito puede aportarle el punto necesario para hacerse con la mayoría absoluta, la única fórmula que le sirve para gobernar, y desplazar al socialista Emilio Pérez Touriño de la presidencia de la Xunta. Y, con él, al nacionalista Anxo Quintana , a quien los analistas conservadores atribuyen una creciente fortaleza en el medio rural, antes fértil huerta de votos para la cosecha popular.
Sucede que las muchas tribulaciones y el delicado equilibrio de poder local sobre los que el PP gallego creció durante años se saldaron, en demasiadas ocasiones, con navajazos y escisiones varias. Una sangría que Núñez Feijoo no se puede permitir si lo que quiere es aspirar con garantías al asalto a Monte Pío. La estrategia es clara: los conservadores necesitan reagrupar todos y cada uno de sus potenciales votos para estar preparados en cuanto suene la corneta electoral. Algo que, en Vilagarcía, supone pactar con Ivil su reintegración.
Una propuesta de acuerdo
Distintas fuentes señalan que, efectivamente, la gaviota ha intensificado sus contactos durante los últimos meses para proponer cuanto antes a Rivera una posibilidad de acuerdo.
La última aproximación seria en este sentido se produjo antes de las elecciones municipales del 2007. Hubo distintos encuentros en los que participaron el secretario xeral del PPdeG y número dos de Feijoo, Alfonso Rueda , el presidente provincial del PP y máximo responsable de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán , y en alguna ocasión incluso el senador y alcalde de Cambados, Xosé Manuel Cores Tourís .
Aquello no prosperó por varios motivos. Uno de ellos fue la reacción del presidente popular en Vilagarcía. Fole aclaró que, como portavoz de su partido en la capital arousana, su voz debía ser escuchada a la hora de negociar un pacto con Rivera. La retirada del veterano político y su propia participación directa en las conversaciones eran las condiciones que planteaba. Ivil dio por finiquitado el proceso.
Si los populares quieren ahora a Rivera Mallo -el independiente acaricia otras dos ofertas sobre la mesa- tendrán que hilar fino y superar trances recientes que no han gustado nada en las filas riveristas, como el voto en contra del PP cuando se debatía su presencia en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria.
Habrá que ver, por último, en qué condiciones plantea la gaviota la virtual fusión y qué papel le correspondería en el nuevo partido al propio Rivera. Quien, por otra parte, debe ser consciente de que su principal patrimonio político es la lealtad que siempre le ha demostrado su gente. Dicen los mentideros que cuando Enrique Marfany enterró Democracia Galega lo hizo con promesas de un puesto en el Senado que después el PP le negó. Ese no es el camino.