Más de 7.000 kilogramos de almeja desaparecidos en tres días hicieron saltar las alarmas: algo estaba acabando con el producto que crecía en los parques. Un pez fue sentenciado
09 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Desde que había comenzado, el 2001 no estaba siendo un gran año para los parquistas de Carril. Primero habían sido las riadas de agua dulce las que habían devastado buena parte de la producción de almeja. Luego, cuando el verano apenas asomaba en el calendario, llegó la gran plaga: grandes cantidades de ouxas se instalaron en la desembocadura del Ulla. La presencia de esos peces en aguas carrilexas coincidió en el tiempo con la desaparición de miles de kilogramos de almeja de los parques de cultivo. No pasó demasiado tiempo antes de que las iras de los mariscadores apuntasen, directamente, a ese extraño animal.
Para las ouxas hay muchos nombres. Hay quien, siguiendo de cerca su nombre científico (Myliobatis Aquila), las designa como águilas de mar. Y hay también quien, imbuido por la tradición, prefiere referirse a ellas como chuchos. Todas esas palabras remiten al mismo animal: un pez de gran tamaño, gran cabeza y un cierto parecido a las rayas marinas y a los aéreos murciélagos. Ese aspecto poco agraciado convirtió a la ouxa en el acusado perfecto. En pocos días nadie en Carril dudaba de que era esa especie la que estaba diezmando el tesoro de los parques.
Con el supuesto culpable a tiro, los responsables de la cofradía empezaron a buscar ardides con los que atrapar a las ouxas. Su plan fue trazado sin demora: extender redes en la entrada de Os Lombos do Ulla para que en ellas cayesen todas aquellas ouxas que intentasen acercarse a los parques de cultivo. La propuesta fue aceptada por Pesca, quien a cambio quiso dar un juicio justo a los chuchos: treinta de los ejemplares que fuesen capturados habrían de ser abiertos en canal para estudiar el contenido de su estómago y determinar si ese animal era el auténtico responsable de la desaparición de la almeja.
El resultado del primer informe elaborado por los biólogos de la Xunta arrojó dudas razonables sobre la autoría de los hechos. El 31 de agosto del 2001, Pesca hacía público el resultado del trabajo de sus CSI. Sostenían estos que las ouxas se alimentaban de quisquillas, sepia pequeña y, sobre todo, cangrejos. Eso significaría que los vilipendiados chuchos no solo no eran culpables de la desaparición del marisco de los parques, si no que contribuían a su supervivencia al engullir a los peludos, los cangrejos que según la Xunta estaban tras la desaparición de los 7.000 kilos de almeja perdidos en Carril.
El informe de Pesca llegó tarde: se hizo público el mismo día en que en la lonja carrilexa se celebraba una degustación de ouxa. Ventura Vidal, el patrón mayor, había llegado a la conclusión de que si ese animal se alimentaba de marisco, su carne podría resultar apetitosa para los humanos. Un poco más dura y un poco más oscura que la raya, la ouxa fue cocinada con ajada, en salsa de tomate, frita y a la plancha. Vecinos y turistas acudieron a probar los platos que habían salido de las manos de Marisa Maneiro y Socorro García. Y a todos les gustó tanto la experiencia que Ventura Vidal ya empezaba a acariciar la idea de celebrar en Carril la Festa do Chucho.
La inocencia de la ouxa proclamada por la Xunta no deslució aquella celebración. Entre bocado y bocado, Ventura Vidal aseguró que la cofradía empezaría de inmediato «a colocar nasas con carnaza para atrapar» cangrejos. Pero nadie, en realidad, dio demasiado crédito a las pruebas exculpatorias presentadas por Pesca. La ouxa era, y sigue siendo, uno de los enemigos reconocidos de los mariscadores arousanos. Cofradías como la de Cambados les habían declarado hacía años una guerra librada a pedradas: el pósito colocaba piedras en los fondos para evitar que las grandes rayas pudiesen cobrarse a sus víctimas.
Pero nunca habían tenido las ouxas el protagonismo mediático que alcanzaron durante aquel verano del 2001. Ventura Vidal explica, siete años después, por qué. «Aquel ano foi unha invasión, unha auténtica plaga. Nunca tantas se viran», dice. Algunos carrilexos aseguraban en su momento que la llegada masiva de ouxas a Carril se debía a la mortandad del marisco en Os Lombos. «Allí no tuvieron comida y por eso la buscaron en Carril. Tienen hambre y por eso vienen a los parques», decían muchos vecinos, ansiosos por proteger una especie que siempre se había dejado ver por la zona.
Desde aquel verano negro para las ouxas, Carril no ha vuelto a sufrir la presencia masiva de estos peces. «A ouxa, se ten marisco noutras zonas, non chega ata aquí», explica Ventura. Cuando se detecta su presencia, «póñense redes nos parques» y listo. El ex patrón mayor carrilexo recuerda con claridad todo el periplo vivido en aquellos meses de verano del 2001. Las discusiones con Pesca, la sospecha que caía sobre los cangrejos -otros depredadores conocidos y reconocidos por los mariscadores- y hasta el sabor de la ouxa. «Eu probáraa preparada de varias formas e estaba rica», sentencia.
Las ouxas, igual que habían llegado, se fueron. La invasión terminó. Pero a Carril han llegado nuevas plagas. «O depredador máis grande que temos agora é unha caramecha», explica Ventura Vidal. Unas caracolas alargadas que con su boca y sus jugos gástricos reblandecen la concha de la almeja y le extraen la carne. «Son outra auténtica invasión. Largas unha nasa con carnada nos parques e en menos de nada está todo cheo delas», cuenta Ventura Vidal. Y no se priva de la broma. ¿Una degustación de caramechas? «Pois se cadra, cocidas, estaban boas».