Esta tarde, a partir de las siete y media, Enrique Brumbéck llevará de nuevo un puñado de poemas al salón del Liceo-Casino de Vilagarcía. Brumbéck, que huye de palabras recargadas, se define como recitador.
-¿Un rapsoda, tal vez?
-No, esa es demasiado ampulosa. Yo soy un recitador. Me limito a dar voz a lo que otros escriben. Aunque esta cuestión merece un matiz. Un recital es una declamación memorizada, una puesta en escena. No es una lectura de poemas.
-Por tanto, no escribe usted...
-Algún amigo me anima, pero no lo hago. Esta tarde recitaré poemas de Rosalía, de Rafael de León, Cabanillas, los Machado, Benítez Carrasco, Federico García Lorca... Hay otra cuestión curiosa.
-Cuente.
-En una ciudad tan abierta a las manifestaciones artísticas como Buenos Aires, priman ahora los cuentacuentos, como aquí. Recuerdo a Berta Singermann, de ascendencia rusa, que llenaba los teatros. Me gusta el estilo y sensibilidad extraordinarios de las mujeres..
-Su experiencia parece amplia.
-Recité hace más de cuarenta años, en el teatro Cervantes. También recorrí la ría con una emisora, La Voz de Arosa. Y recité también hace ya unos cuatro o cinco años en Luar , ese programa de variedades de la TVG que ahora se dedica a sacar hombres vestidos de mujeres. En fin. Apuntarle que yo, a un señor como Paco Valladares le envidio la voz, pero diciendo el verso no le tengo miedo a nadie.