Las espectaculares ruinas de Santa Mariña -en cuyo entorno se sitúa un cementerio- fue ayer escenario del rodaje de la película Agallas . No es la primera vez que este lugar se convierte en un plató. Ya lo fue, por ejemplo, para la serie Rías Baixas y entonces, como ahora, también para recrear un entierro. Ayer se daba sepultura, en la ficción, a un narcotraficante en cuyo cortejo fúnebre figuraban los actores Hugo Silva y Carmelo Gómez . Ambos encarnan a los protagonistas de una historia que se adentra en el ambiente del narcotráfico, en laque no faltan toques de humor, y que se rueda íntegramente en Galicia, durante siete semanas. Después de visitar Carral y Pontedeume, el equipo dirigido por Samuel Martín y Andrés Luque recaló ayer en Cambados donde estuvieron hasta la tarde.
El rodaje no pasó inadvertido. A la entrada del camposanto había una torreta y una cinta y las furgonetas y los equipos tomaban la entrada del Tanatorio do Salnés. La noticia enseguida circuló. «Están rodando una película en Santa Mariña y está el de los Hombres de Paco ». Era el comentario de una adolescente a las doce del mediodía, una hora a la que ya había más de una fan de Hugo a la caza de la foto y un autógrafo. «Ahí viene, ya no tiene barba», advirtió una jovencita a su amiga cuando vio al cuadro de actores enfilar la salida del cementerio, pasadas las dos de la tarde. El actor pasó a dos metros pero excusó atentamente los requerimientos de la fan. «Ahora no puedo, caracterizado no me dejan», explicó mientras una pareja de resignados turistas esperaba para poder visitar las ruinas. Por la tarde, otras fans tuvieron más suerte. Los de Chourizo films están en todas. Pero no solo de caras conocidas vive el cine. A los extras nadie los mira, pero sin ellos no hay escena. La productora lanzó su convocatoria hace unas semanas y los cambadeses respondieron con generosidad. Y, como no, allí estaban los chicos de Chourizo films enfundados en los trajes de luto que les entregó la productora y cumpliendo al dedillo las instrucciones de la dirección a la hora de grabar las secuencias del sepelio en el interior de las ruinas. A algunos les tocó portar la caja, y no era la primera vez. Ya tuvieron que hacer lo propio en El funeral, con el sello de Chourizo. El mentor de este y otros cortos, Rodrigo Piñeiro, estaba ayer al otro lado de la cámara para ver de cerca como trabajan los profesionales. Él y sus colaboradores, de momento, están en el plano aficionado pero, ¿quién sabe? Quizá algún cazatalentos quiera darles una oportunidad. Esta semana, por de pronto, el ciclo Cinema Variedades ofrece la oportunidad de ver sus trabajos en la plaza de Alfredo Brañas.