Un cementerio en pie de guerra

AROUSA

Un vecino de la parroquia de San Miguel (Vilanova) asegura que el cura párroco le impide realizar unas obras en sus panteones que tienen todos los permisos exigidos

20 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

En los cementerios reina un silencio especial. Es un silencio denso, que se rompe de vez en cuando con algunos pasos sobre la grava. El camposanto de San Miguel no es una excepción. Pero la paz que en él reina es un espejismo: cuatro panteones han hecho saltar la tensión. Benigno Oubiña es el protagonista involuntario de esta historia. Albañil de profesión, hace años construyó una hilera de panteones en el camposanto. Los vendió todos menos cuatro, que quiso reservar para su familia. El paso del tiempo se ha dejado notar en esas capillas, que necesitan que urgentemente alguien les eche la mano. Pero, cuando Benigno se preparaba para ponerse el traje de faena, el cura de la parroquia mandó parar. «Cando lle fumos pedir a chave para ir facer as obras, díxonos que non. Que por riba do seu cadáver», cuenta él.

Todas sus protestas ante el cura resultaron infructuosas. De nada sirvió que Benigno tuviese en su poder todas las licencias exigidas para poder obrar: desde la autorización del Concello hasta la autorización de Patrimonio, pasando por las tasas de obligado pago. De nada sirvió, tampoco, que Benigno recurriese a otras instancias de la Iglesia para intentar que el cura entrase en razón. De nada sirvió, finalmente, el recurso al juzgado de paz, donde se celebró semanas atrás un acto de conciliación que acabó sin conciliación, sin consenso y con una bronca a las puertas del edificio. Hasta allí habían llegado varios vecinos, convocados por el cura desde el púlpito, según cuenta Benigno. Cuando él abandonó el edificio sin haber logrado acuerdo alguno, lo abuchearon, lo insultaron, y con sus voces asustaron a sus nietos.

Eso fue lo que sucedió a las puertas del juzgado de paz. Pero, ¿qué pasó dentro? Que Benigno pidió en vano que se facilitase una copia de la llave del portal del cementerio o que, en su defecto, se retirase el candado de la misma. A ambas peticiones se negó en redondo el cura, Alfonso Cereijo, según consta en el acta de aquel encuentro.

¿De dónde nace la oposición a que Benigno Oubiña ejecute las obras de mejora de sus panteones? El proyecto tiene el visto bueno de todas las administraciones. ¿Por qué se opone entonces el cura párroco a la ejecución de esos trabajos? Según el propietario, este es el último capítulo de un enfrentamiento que se inició en 1993.

En verano de aquel año, Benigno realizó diversas obras de mejora en el cementerio de San Miguel. La comisión vecinal responsable de esas instalaciones le proporcionó los materiales que necesitaba para pavimentar con una capa de 15 centímetros los viales interiores del cementerio, acondicionar aceras deterioradas y realizar una rampa, un drenaje interior, colocar una tubería, instalar dos asientos de piedra, habilitar jardineras y construir una fuente con losa. El valor de los trabajos, según un informe pericial posterior, fue de 2.308.442 pesetas.

Las obras fueron encargadas de palabra. «Non pensei nunca que non me foran pagar», dice Benigno, que recuerda que en la comisión vecinal hay hasta parientes suyos. Pero lo cierto es que no le pagaron. Después de mucho insistir, la paciencia de este hombre se agotó y decidió recurrir al juzgado. Desde que lo hizo lleva ganadas varias vistas por este mismo asunto: ganó el pleito inicial y todos los recursos que se fueron sucediendo. Aún no ha cobrado, y sus triunfos ante el juez han alimentado la animadversión que hacia él sienten, dice, tanto vecinos como el cura párroco.