Arturo Fraga (Vigo, 1984) apura su último mes en Santiago bastante animado, aun con la que se le viene encima. Cuando acabe los últimos exámenes de sexto de Medicina, tendrá un fin de semana de vacaciones y hará las maletas para Oviedo. Allí pasará unos siete meses preparando el MIR con la esperanza de regresar a Galicia y formarse en una especialidad médica. «Es lo que hay», comenta. En su opinión, para hacer el examen en Compostela «hay poca alternativa de verdad». Lo dice por varias razones. Por una parte, en Asturias tendrá clases diarias y esa metodología le gusta. Por otra, allí conoce a menos gente, así que podrá concentrarse en estudiar sin que la tentación de la noche compostelana lo seduzca.
Una de las grandes desventajas que tienen los estudiantes compostelanos es el calendario. Justo cuando acaban los últimos exámenes tienen que seguir curtiendo los codos sin tregua. Sus colegas asturianos acaban el curso a principios de mayo, con lo cual, les llevan una ventaja de dos meses de descanso.
Para Arturo Fraga, irse a Asturias supone «poder ponernos a la par de otras facultades en algunas asignaturas». En ese sentido, cree que hay materias en las que la USC le ha proporcionado una buena formación, mientras que en otras cojea un poco.