La errática crisis del Grumir ha ejercido un inesperado efecto de reactivación de las relaciones entre socialistas y nacionalistas, que vuelven a reunirse más allá de Ravella
20 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La versión en cómic de La Guerra de las Galaxias , editada hace cosa de treinta años por Marvel, recreaba una escena que, quién lo iba a decir, ilustra perfectamente la situación que atraviesa el gobierno local de Vilagarcía después de diez meses de mandato. El Halcón Milenario , la nave más rápida de la galaxia, acaba de huir de la Estrella de la Muerte , estación espacial terrorífica donde las haya. Pero un escuadrón de malvados cazas imperiales persiguen a los héroes rebeldes, cosiéndolos a disparos láser. En un momento dado, la princesa Leia, recién liberada de su cautiverio, alerta a sus compañeros: «Nos han dejado sin barreras, el próximo impacto puede partirnos por la mitad».
En parecida coyuntura se hallan los diez integrantes de la coalición que rige los designios municipales de la capital arousana. Un puñado de erráticas gestiones, unas relaciones internas en declive y una tremenda confusión en materia de imagen y comunicación, imputables en su mayor parte a quien una mayor parcela de gestión pilota, han ido minando las defensas de Ravella hasta desnudarla de protecciones.
En su acción de gobierno no cabe un tropiezo más del calibre del Grumir y, especialmente, del caso de la vigilancia de la Policía Local sobre sus integrantes en la pegada de carteles del 18 de marzo. El rechazo de los ámbitos político y sindical cosechado por semejante medida, sea cual fuere su objetivo final, debería bastar para hacer reflexionar a sus promotores.
Desnudo ante el frío, solo caben dos opciones. Moverse para entrar en calor o sentarse a dormir y a esperar el fin. Probablemente por eso, el descabellado affaire de los grumir, que todavía no está cerrado, puesto que el servicio está siendo desmantelado desde el punto de vista operativo, parece haber ejercido un saludable efecto reactivador sobre los dos socios de gobierno. Hacía meses que los concejales de PSOE y BNG no se reunían más allá de las comisiones de los martes. Esta semana, en cambio, retomaron la siempre recomendable práctica de encontrarse y comunicarse. Porque gobernar conjuntamente debería ser algo más que firmar actas y levantar la mano en el pleno.
La estrategia electoral
A primera vista, son bastantes las lecciones que repasar. Desde el inicio del mandato, la estrategia socialista parece inclinarse hacia el confinamiento del Bloque en sus parcelas de gestión. Probablemente, porque las mentes pensantes del PSOE creen que, igualados a tres en número de concejales, el BNG e Izquierda Unida competirán dentro de tres años por un mismo espacio electoral. Bastaría, por lo tanto, con esperar a ver cuál es el resultado, quién vence a quién, y pactar con el superviviente. Algo parecido a lo que ha ocurrido en Ferrol, ciudad en la que los nacionalistas han pasado en apenas cuatro años de ostentar la alcaldía a convertirse en fuerza apenas simbólica, con dos actas sentadas fuera del gobierno de coalición entre PSdeG e IU. Claro que todo este esquema solo se sostiene si el puño y la rosa es capaz de mantener sus siete representantes.
A la vista de este primer tramo de mandato, sin embargo, las perspectivas ante los comicios municipales no están demasiado claras para el PSOE vilagarciano, profundamente dividido por los descartes de la candidatura, primero, y la puesta bajo sospecha, suicida y a ultranza, de todo cuanto pueda recordar a la etapa anterior de gobierno por parte del equipo actual, a continuación.
A pesar del esfuerzo mediático de un ubicuo Xosé Castro Ratón, el problema paralelo del BNG es, precisamente, el de la visibilidad. Los nacionalistas necesitan hacer palpable un proyecto propio, más allá de la gestión conjunta. En otras palabras, demostrar que las cosas se pueden hacer de otra forma, ponerla en marcha y transmitírselo con eficacia a la ciudadanía. De otra manera, serán eclipsados por un aparato socialista que, en caso de caída, los arrastrará con él al abismo de la incertidumbre electoral. Las fotos ayudan, claro que sí, pero no bastan.
¿Un ejemplo? El proyecto Luz Salgada. Casi seis millones de euros para los que el PSOE tiene un claro destino. No es casualidad que hoy mismo se presente públicamente una propuesta de reparto a los portavoces de la oposición.
Esta inversión, centrada mientras nadie diga lo contrario en el casco urbano de Vilagarcía, constituye una de las claves de las próximas elecciones. Es mucho dinero, y con él pueden levantarse muchas calles y plazas. El Bloque tiene, necesariamente, que marcar sus propios criterios a la hora de emplear tantos recursos. Al igual que el PP, IU e Ivil, cuyos representantes no se quedarán callados.
Los miembros del gobierno local parecen asomarse, en definitiva, a la oportunidad de rebobinar y comenzar a trabajar de otra forma, tanto conjunta como individualmente. Pero, George Lucas lo sabía al escribir su guión, el saco de los errores está que rebosa y no hay más margen para las equivocaciones de bulto. El próximo impacto puede partirlo por la mitad. O en proporción de 7/3, para ser exactos.
Ventaja paradójica
Una de las ventajas que asiste a la coalición es, paradójicamente, su situación de inferioridad y el refuerzo muy notable del equipo popular. Los conservadores están jugando sus cartas y empiezan a poner en juego su importante peso específico, al controlar la tercera parte de los concejales de la corporación. La solicitud del pleno extraordinario sobre el desbarajuste del Grumir les concede otra vez la iniciativa. El principal freno a Tomás Fole y los suyos es Izquierda Unida, siempre dispuesta a entablar combate dialéctico con la gaviota. Juan Fajardo sabe que todo lo que suponga que el PSOE baje de un sexto concejal supone abrir el cajón de las posibilidades a un gobierno del PP, con o sin Ivil, en el 2011. De ahí su particular encrucijada, que coyunturalmente favorece al bipartito. Pero la suerte no durará siempre. Si IU cree que puede crecer y gobernar sin que el resto de la izquierda se desplome, irá, lógicamente, a por todas. Y caerán chuzos de todas partes.