Las decisiones de Dolores García

AROUSA

En pleno desbarajuste sobre la cobertura de emergencias, los círculos políticos de Vilagarcía se plantean una crucial pregunta: ¿optará la alcaldesa a la reelección?

30 mar 2008 . Actualizado a las 03:00 h.

Es cierto que el Partido Popular es el principal responsable del descontrol existente en Galicia con respecto a la atención a emergencias. De su mano partieron la creación de los Grumir y, años después, la red de parques de bomberos, cada cual con un padre y una madre, algunos públicos, otros privatizados, que en general degradan a los profesionales del ramo, sometiéndolos a condiciones laborales penosas y unas percepciones salariales míseras en comparación con la importancia crucial de la labor que desempeñan. Vilagarcía y O Salnés ofrecen un ejemplo inmejorable de semejante despropósito. Todo esto es verdad, pero no lo es menos que cuando el portavoz conservador, Tomás Fole , apuntó en el pleno del pasado jueves a la pasividad y el silencio de la alcaldía con respecto a la eliminación del grupo municipal de intervención rápida, no hizo sino meter el dedo en la llaga y plantear a las claras una sensación de desconfianza hacia el Concello muy extendida en la ciudad. Solo la torpeza del propio grupo popular impidió que el gobierno local se llevase a casa un sonoro repaso.

Diez meses después de las últimas elecciones locales, el aparato municipal parece abocado a un proceso de desmantelamiento por secciones sin que esté muy claro el recambio que se pretende en su lugar. Bien es verdad que, en ocasiones, los palos vienen de la misma casa. Fraga hizo de la Xunta una maquinaria rendida a los alcaldes del PP. Las nefastas consecuencias de tal modelo aún las estamos padeciendo. Pero una cosa es corregir aquellos excesos, y otra es prescindir casi por completo de la opinión de los alcaldes, incluyendo los que gobiernan bajo las mismas siglas. De decisiones de consellerías afines que suponen tremendos quebraderos de cabeza saben bastante en A Illa y O Grove. También en Vilagarcía, por mucho que la eliminación del Grumir, decretada por la Consellería de Presidencia del socialista José Luis Méndez Romeu , haya supuesto para algunos una oportunidad dorada de pasar factura al pasado reciente. En otras palabras, de laminar el grupo de intervención sin mancharse las manos.

Lo malo es que Ravella ha abordado este proceso con inequívocos errores de bulto. Desde el principio, y pese a la conveniencia social de obtener una opinión precisa sobre lo que la alcaldía pensaba al respecto, Dolores García y su equipo se escudaron en un espeso silencio, mientras regidores socialistas de municipios afectados por la misma medida, llámense Silleda, O Grove o A Estrada, y alcaldes nacionalistas como el de Boiro, reprochaban al departamento de Romeu su falta de previsión. Desde Vilagarcía, en cambio, se fueron dando largas.

La estrategia es difícilmente explicable, sobre todo porque al final del entuerto el gobierno local acaba promoviendo un acuerdo plenario para solicitar a la Xunta que mantenga algo parecido a un servicio local de emergencias mientras el embrollo del parque de bomberos no se solucione, y asumir un vago compromiso con la cobertura de emergencias en la ciudad sin explicitar de qué forma se va a cumplir. No solo en las filas del PSOE, sino en general en toda la izquierda local, pocos comprenden que, para firmar tal conjunto de lugares comunes, Ravella no haya liderado la propuesta desde el primer día, tomando la iniciativa y evitando que tanto el PP como Esquerda Unida, sin duda la formación que más coherencia ha mostrado a lo largo de este sainete, les golpeasen una y otra vez.

La polémica del Grumir ofrece, con todo, muchas más lecturas. La primera es la indefensión real en la que queda la ciudad cada vez que el camión de los bomberos debe cumplir una misión más allá de los límites municipales. A la luz de los últimos acontecimientos, la directriz de la gerencia del parque es recurrir a la subsede de Vilagarcía solo en casos extremos. Pero esos casos se producen, los bomberos tienen sus obligaciones y, mientras el servicio no retorna, la capital arousana está a velas vir.

Haya o no de puertas adentro una idea firme sobre esta cuestión, lo que el gobierno local deja traslucir al exterior es una imagen de crónica indecisión que no solo afecta a la propia alcaldesa, sino que se extiende al hombre fuerte del grupo socialista, Marcelino Abuín, cuya gestión, se quiera o no, está estrechamente ligada en el imaginario popular a la de la regidora. Dicho de otra forma, ambos se queman en la misma hoguera. No faltan, en el Ayuntamiento y fuera de él, quienes atribuyen parte de esta situación a los consejos de la gente que, poco a poco, va conformando el equipo de confianza de Dolores García. Las opiniones de la jefa de la Policía Local, Mari Carmen Roca , cuya abierta hostilidad hacia Protección Civil y el Grumir viene de lejos, son, en este sentido, escuchadas con muchísima atención en el despacho de la alcaldía.

Para colmo de males, el trato que se ha dispensado al Grumir ha generado una enorme división en el seno del PSOE, que parece decidido a arriesgar el indudable respaldo electoral del que goza en Vilagarcía -el 9-M lo dejó claro- en estas y otras alegrías fratricidas. Llegamos, de esta forma, a una consideración central: García no parece acabar de asumir su papel de alcaldesa; pero tampoco ha decidido si se presentará a la reelección. Más difícil, imposible.