Las conservas de pescado no son ajenas a la subida generalizada de los precios de la alimentación. La lata ya cuesta más desde mediados de año y se prevén incrementos todavía mayores (incluso por encima del 20%) para los próximos meses. Es la repercusión en el consumidor de las circunstancias adversas de la coyuntura económica. Por un lado, los costes de producción se están resintiendo por el encarecimiento de los carburantes. Por otro, las negociaciones encaminadas a eliminar en Europa los aranceles a los productos asiáticos añaden una dificultad a la competencia.
Además de las subidas de precio, puede producirse un efecto perjudicial en el empleo y la inversión de un sector clave para la economía gallega. Los fabricantes están dispuestos a mantener aquí la investigación y la producción de alto valor. Sin embargo, parece inevitable que la fabricación de marcas blancas emigre a Asia. Y eso es inversión que se esfuma y empleo que no se crea.