Las deficientes conexiones a Internet de la comarca arousana afectan también al sector empresarial. En pleno siglo XXI muchas son las industrias, algunas incluso de gran tamaño, que tienen que conformarse con una línea de medio mega. La situación se agrava especialmente en el caso de las firmas ubicadas en los polígonos de Bamio y Meaño. Lo peor es que, en ambas zonas, nadie les ofrece una solución.
Francisco Álvarez, responsable de la Carrocera Carsa, dispone de seis megas para conectarse a Internet en su lugar de residencia. Pero en su empresa de Bamio apenas llega al medio mega. Al igual que otras firmas instaladas en la zona, lleva años soportando esta situación y, en una ocasión, los empresarios hicieron piña y se reunieron con Telefónica. «La empresa asume que no nos va a dar ese servicio e incluso nos ha rebajado las tarifas», explica Álvarez.
Pero esta solución no les sirve. En este polígono hay instaladas empresas de la talla de J. Redondo, Tuneureka o Unicar, que tiene doscientos empleados. Todas tiene que conformarse con una conexión lenta que, «hoy en día que la transmisión de datos es tan fundamental, reduce nuestra competitividad», añade Álvarez. Pero como a «Telefónica comercialmente no le compensa, no tenemos nada que hacer», sostiene.
El responsable de la Carrocera Carsa critica que todas las firmas instaladas en Bamio son empresa «comprometidas con el entorno, con ofrecer un empleo de calidad y no es de recibo que, a cambio, tengamos que competir en inferioridad de condiciones», concluye. La única solución que tiene su problema es que la compañía R se decida a cablear la zona y les ofrezca sus servicios. Entonces, podría disfrutar de una conexión que podría llegar a los cien megas.
ADSL rural
Una situación similar tienen que soportar los empresarios del polígono de Meaño, según explica el presidente de la asociación, Manuel Fernández Leira. «El problema que tenemos nosotros es que solo tenemos ADSL rural, lo que limita las comunicaciones», asegura.
Las carencias de los industriales de Meaño comenzaron hace años por la deficiencia de las líneas telefónicas. «Hubo un momento en que no se permitía dar de alta una nueva línea de teléfonos a no ser que un vecino de la zona diera de baja la suya», asegura Fernández. Tras muchas reuniones y reivindicaciones, lograron solventar este problema, pero entonces llegó el de Internet. El ADSL rural no les ofrece el servicio que precisan, «pues una empresa tiene que descargar documentos». Con envidia explica que «vi funcionar el ADSL de banda ancha y, a su lado, el rural es una tortura». Pero con eso tienen que conformarse las treinta empresas que trabajan en esta zona.