Tras las andanadas cruzadas de esta semana, en la que la pulla política se internó en la fibra de lo personal hasta pinchar hueso, queda fehacientemente demostrado que en Vilagarcía no existe, hoy por hoy, ni una sola posibilidad de que Izquierda Unida se una a PSOE y BNG en un gobierno municipal tripartito. Es muy probable que la idea siga presentándose una y otra vez en el discurso de las tres formaciones, pero no será más que una fantasmagoría, una ilusión desprovista de contenido, un recurso retórico para reforzar el repertorio de reproches mutuos. Y poco más.
Hace ya tiempo que los tres concejales de IU han descartado cualquier vía en este sentido. La estrategia de su formación está clara. Van a pelear por minar al gobierno local en un intento por conseguir convertirse en la primera fuerza de la izquierda vilagarciana dentro de cuatro años. Juan Fajardo y sus dos compañeros, Ramón Bueno y Patricia Rey , están convencidos de que el único camino posible para su desarrollo político es hacerse imprescindibles en cualquier opción de gobierno. Es más, consideran que, bajo las circunstancias adecuadas, Fajardo puede ser el próximo alcalde, y con ese objetivo trabajan.
Tampoco en la orilla del bipartito se cuenta ya con Izquierda Unida, al menos no en clave de socio de gobierno. Queda por ver si existe un margen para negociar un presupuesto que prospere con los votos de PSOE, BNG e IU. Pero, tal como están las cosas, la balanza se inclina claramente hacia el no. Socialistas y nacionalistas creen que Fajardo y los suyos están cavando su propia tumba -exactamente lo mismo que piensan en la sede de IU, aunque en sentido inverso- y, de paso, beneficiando al PP de Tomás Fol e como daño colateral de esta refriega por la zurda. El riesgo para los tres es, efectivamente, ése: que los conservadores puedan rebasar en el 2011 la barrera de la mayoría absoluta y se hagan, así, con la alcaldía.
Entretanto, desde el bipartito Rosa Abuín acaba de enseñar las uñas, junto a Victoria Hierro y Membrives . La concejala nacionalista de Promoción Económica dice no estar dispuesta a aguantar sin más el vapuleo dialéctico de Fajardo. El duelo promete.