ENTRE LÍNEAS | O |
03 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.NO TENGO suerte. Cuando tuve ahorros, los tipos de interés estaban tan bajos que lo que me rentaban en el banco no daba ni para cubrir las abusivas comisiones que cobran. Cuando invertí esos ahorros en un piso para el negocio familiar resulta que los tipos de interés se disparan y que la hipoteca no para de encarecerse. Ahora que me darían algo los ratas de los bancos por esos cuartiños. Lo mismo con esto de los 2.500 euros por hijo que ayer anunció el presidente del Gobierno en el debate del estado de la nación. Mi hija Helena tiene ya más de tres años y cuando nació por supuesto que la única ayuda que me ofreció el Estado o la Xunta fue una soga al cuello por si me apetecía suicidarme. La verdad es que 2.500 euros no es mucho, pero me hubieran venido de perlas. Sobre todo ese primer año en el que un bebé, según sesudos estudios, necesita él solito más de 6.000 euritos. Y eso hay pocas economías que lo lleven con soltura. Con mi mala fortuna, es probable que cuando me decida a ir a por el segundo seguro que ya no dan un duro.