La culpabilidad es su sino

Nieves D. Amil
Nieves D. Amil VILAGARCÍA

AROUSA

Reportaje | Lejos de los mitos de agresión El perfil del maltratador está lejos de ser un hombre víctima del alcoholismo con problemas psíquicos o que actúa bajo la presión de los fantasmas de una infancia cruel

23 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

La maté porqué era mía. El tópico de esta frase sigue escondiendo detrás grandes dosis de realidad. Los maltratadores no responden a un perfil tipo, sólo a una serie de condicionantes que los van marcando día a día y los convierten en pequeñas bestias. Ellas, mientras, siguen sintiéndose las culpables de una dura realidad cada vez más común. Lejos de las estadísticas están los falsos mitos que relacionan la violencia de género con problemas de drogas, fantasmas de la infancia o problemas psíquicos. Mónica Otero es una joven trabajadora social del Centro de Información a la Mujer de Cambados y asegura que con los datos en la mano, sólo el 2% de los casos de maltrato se producen bajo los efectos del alcohol y sólo un 5% de los agresores lo hacen por algún tipo de desequilibrio mental. «Ellos suelen poner el problema fuera y buscar causas que les exculpen, pero la realidad no es así», indica. El trabajo diario con este grupo de mujeres le hace ver que todas siguen un ciclo de violencia y asegura que: «Muchas se podrían reconocer en la película Te doy mis ojos . Es una ficción muy fiel a la realidad». Otero insiste en que las mujeres todavía viven con una fuerte dependencia emocional muy influenciada por la idea de amor que va marcando la infancia y la adolescencia femenina. Cómo en el caso de Te doy mis ojos de Iciar Bollaín, Otero vuelve a recordar otra película, en esta ocasión de dibujos animados, como La Bella y la Bestia para demostrar la sumisión de la mujer. «Es el modelo amoroso que vemos desde pequeñas», explica y se alarma de que en una encuesta entre jóvenes de 16 años concluya con que el 70% de las entrevistadas consideren que una bofetada a tiempo puede solucionar muchos problemas futuros. «Desde la primera paliza hasta que la mujer se acerca a denunciar pasan una media de siete años», aclara Mónica Otero. Detrás de esta cifra se esconden meses de insultos, vejaciones y palizas, que no siempre acaban en denuncia. la primera fase del ciclo, la que los psicólogos conocen como acumulación de tensión, suele durar varios años en los que la mujer abandona su vida social, su trabajo y se autoculpa de la situación que está viviendo. Por muchos años que dure este primer período, la mujer nunca se acerca a los servicios sociales hasta que se encuentra en la segunda fase de explosión de violencia. «Aunque la primera pueda resultar traumática, las mujeres no la identifican como tal y es en este punto cuando descubren la dureza de la situación», asegura Mónica Otero. Esta trabajadora social reconoce que por mucho que luches para intentar sacarlas de su situación, en la mayoría de los casos se cumplen todos los ciclos de la violencia. Es al explicar el tercer nivel, cuándo más recuerda Te doy mis ojos . «Le solemos poner la película para que se vean reflejadas en ella», explica. Situaciones duras El momento del arrepentimiento hace que la mujer se vea como la culpable de lo sucedido y él prometa no volver a hacerlo más, pero Otero asegura que lo único que hace esta fase, es promover que el ciclo de la violencia vuelva a empezar y cada vez con menos frecuencia. «Llegan a tomarse los castigos como algo merecido y algunos nos dicen que será que no hizo bien las cosas. Hay una especie de Síndrome de Estocolmo, pero el paso del afecto a la violencia es muy pequeño», lamenta esta trabajadora social de Cambados. Tanto ellas como sus compañeras intentan entender esta situación siempre desde una perspectiva de género, pero reconocen que les cuesta ver como caen en la fase del arrepentimiento. Aún así, siguen luchando cada día porque las mujeres olviden el cuento de la Bella y la Bestia.