Un sueño alcanzado

Alfredo López Penide
López Penide SANXENXO

AROUSA

L. P.

En directo | La compañía Colyaer saca al mercado un ultraligero anfibio Hace doce años echó a andar esta firma con sede en Portonovo con el objetivo de fabricar un aparato capaz de aterrizar y amerizar. «Freedom» es ya una realidad

19 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras más de diez años de trabajos, Martín Uhía Lima y José Manuel Coego Buján han visto como se ha cumplido su sueño de fabricar en Portonovo un ultraligero capacitado para aterrizar y amerizar. Aunque la idea en sí no es nueva, sí que lo es el concepto en el que se basa el Freedom, nombre del modelo pontevedrés: «El tren [de aterrizaje] se oculta totalmente. Cuando está volando no se sabe si es un hidroavión o un anfibio», explica Uhía Lima. El proyecto nació al mismo tiempo que vio la luz la empresa Colyaer, allá por noviembre de 1995, aunque, tal y como sostiene Martín Uhía, «estas cosas están en la cabeza de uno desde la niñez. Poco a poco, lo vas mascando y luego tuve la aportación de Coego, que colaboró conmigo desde el principio y a él también le ilusionó la idea». Reconoce que, «al principio era una utopía porque lo veías muy lejano, pero poco a poco se vio viendo más cerca. Los primeros pasos fueron muy fáciles, los segundos más difíciles y al final costo porque nos fuimos complicando mucho...». En lugar de abordar la construcción del anfibio desde un comienzo, tanto Uhía como Coego optaron por ir superando unas etapas intermedias que a la postre culminaron en convertir realidad lo que en los noventa era un mero sueño. De este modo, tras tres años de labores, vio la luz la versión terrestre, que les permitió comprobar «las superficies de sustentación, lo que es el trimado, cuestiones relativas a la compensación...». Primeros éxitos Tras este primer éxito, el equipo de Martín Uhía se marcó el siguiente objetivo: el hidroavión, «el mismo concepto que el de tierra con la salvedad de que la superficie de aterrizaje y despegue es la misma panza del avión». En el 2003 se enfrascaron en el desarrollo de este proyecto, cuyo primer prototipo sería fabricado apenas una año más tarde. «Una vez culminada esa fase acometimos lo que es meterle ruedas al hidroavión, con lo que tendríamos dos aviones en uno». Una idea aparentemente simple pero que les llevó «otro par de años». Martín Uhía explica que el principal escollo fue lograr que el tren de aterrizaje fuese retráctil, esto es, que se «ocultase totalmente en el interior del casco del aparato». Esta idea supone una innovación que diferencia al Freedom de otros ultraligeros del mercado. En la actualidad, la firma ubicada en Portonovo está «retocando algunas cositas», por lo que aguardar poder comercializarlo en serie lo más pronto posible. «Sí, lo que es el sueño en sí está hecho realidad (...). Ahora queda sacarle rendimiento». Por lo pronto, un anfibio no está al alcance de todos los bolsillos. Los 85.000 euros que costará cada aparato se justifican en la «la carga tecnológica que llevan encima, los materiales y al hecho de que muchas piezas se tienen que mandar hacer específicamente». Más económico resulta un hidroavión, cuyo precio es de 54.000 euros. Ambos comparten características: «Tiene una autonomía de vuelo de más de 1.000 kilómetros y una duración en el aire de casi 8 horas». Además, son biplazas lado a lado, «por lo que puede pilotarlo -hay que tener una licencia de piloto general o deportivo, de ultraligero o de light sport aircraft- tanto el del asiento de la derecha como el de la izquierda». Lucha contra el fuego Martín Uhía resalta que estas características convierten a su anfibio en ideal para trabajos de «vigilancia, para fotografía, para la lucha contraincendios, para cuestiones costeras e, incluso, para primeros auxilios». De ahí el nombre de Freedom -libertad, en inglés- que no sólo le da un toque de internacionalidad al proyecto, sino que resume su filosofía: «Permite operar en zonas de agua y tierra. No siempre hay sitios para aterrizar en tierra, en cambio hay muchas zonas costeras, lagos, ríos...». Se estima que la demanda del modelo pontevedrés se centrará en Norteamérica y Australia, aunque también se apunta al norte de Europa. En cualquier caso, Uhía asume que «se puede vivir de esto pero primeramente tienes que vivir de otra cosa para poder invertir en su fabricación».