AREOSO | O |
22 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.ESTÁ CLARO que las leyes son necesarias, pero tan importante es redactarlas y aprobarlas como hacerlas cumplir. Y hay veces que por razones electorales se impulsan normas que quedan muy bien ante la opinión pública pero que, o bien no son operativas, o tiene ya la Judicatura mecanismos en vigor para hacerlas cumplir. Hubo quien solicitó medidas más duras para perseguir el narcotráfico y el blanqueo de dinero, y ahora se está demostrando que había ya leyes suficientes para hacerlo, lo que faltaban eran ganas y medios. Pasa algo parecido con la mal llamada violencia de género. Siempre estuvo mal que un ser humano agresiese a otro, y si además lo hace de forma reiterada y en el hogar, y si hay relación de parentesco y a ello se suman amenazas de muerte, puesto supongo yo que el Código Penal contaba ya antes con medios para condenar al agresor, sea hombre o mujer, marido o amante. Con la ley antialcohol que programaba la ministra de Sanidad pasaba algo similar. Contentaba a un importante sector social; el problema es que perjudicaba a poderosos grupos empresariales. Pero el principal error de la ministra Salgado fue el de caer en el simplismo, el de creer que con una ley se puede solucionar un problema tan arraigado en nuestra sociedad como es el del alcoholismo y el de poner en entredicho la madurez de las familias a la hora de educar a sus hijos. Como pasa con la mayoría de los productos que se consumen -incluso los más sanos-, todo depende de la cantidad y la frecuencia. Y no se puede criminalizar a los padres que el sábado se toman dos vinos en compañía de su hijo adolescente. Otra cosa son los excesos del sector, porque decir que el vino es un alimento parece un poco exagerado. Alimento: La comida y bebida que el hombre y los animales toman para subsistir. Lo dice la RAE.