Un meco con aire oriental

María Santalla VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Reportaje | Mariano Cabrero, escritor y artista grovense Mariano Cabrero ha vivido toda su vida trashumante con el alma a medio camino entre su tierra natal, O Grove, y su tierra mítica, esa Asia que inspira sus letras y su pintura

10 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

?omo todo grovense que se precie, Mariano Cabrero también tenía su mote familiar. Sin embargo, aunque no renuncia a él, ahora prefiere que le llamen Udonge. Ese es el nombre con el que se ha bautizado y con el que firma sus obras, un nombre cuyo origen explica muchas cosas. Efectivamente, Udonge «é unha palabra xaponesa, un concepto budista cun significado bastante metafísico. É un nome dunha flor». Precisamente la metafísica y el mundo oriental son dos constantes en sus creaciones literarias y pictóricas. Porque este grovense, marino mercante de profesión, es en realidad un buscador de vocación. Su búsqueda le ha llevado desde la música a la literatura y, finalmente, a la pintura. Sin embargo, su fascinación por oriente prendió de una forma muy sencilla, como podía haberles ocurrido a muchos otros niños: «A partir da lectura do Libro das Maravillas de Marco Polo». Descubrió entonces «eses países imaxinarios, fantásticos» que son, sobre todo, China y Japón. El estudio de éstos fue aposentando en él «un gran sustrato». Articulista y escritor, ha publicado ya varios libros que vende, sobre todo, en Japón, aunque reconoce que «son un escritor tremendamente minoritario». Dice que su obra funciona muy bien en el país nipón porque hay allí mucho interés por la lengua española. Sin embargo, pronto cruzará esas fronteras y llegará desde Barcelona, donde está su editorial, a China y quizás a Holanda. Aunque en su tierra natal no puede decir que no haya obtenido el reconocimiento. Ganó un premio periodístico en la Festa do Marisco, en 1989, y fue, varios años después, finalista del premio de novela corta Lueiro Rey (1992), que consiguió ganar tan sólo un año después, en 1993. También de raíces asiáticas es su pintura. «Fago obras en óleo e en papel de arroz». Las acumuló durante quince años y hace uno ha comenzado a desprenderse de ellas. «Vendo desde hai un ano e xa fixen algunha exposición», cuenta.