Reportaje | Tomar las ostras, una tradición no exenta de riesgo
30 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La ostra, Ostrea edulis, goza desde la antigüedad de fama gratuita como afrodisíaco. Los griegos comían polvo de concha de ostra en momentos de decadencia sexual. Y cuentan que Casanova se recuperaba de los excesos amorosos con ostras. Según estudios recientes el consumo de una docena de ostras al día cubre las necesidades diarias de proteínas, así como representa un buen aporte de oligoelementos como el hierro, cobre, calcio y fósforo, además de vitaminas A, B, C y D que se hacen indicadas para las personas con anemia, inapetentes o con dificultades digestivas. La ostras producen un gran efecto contra la resaca porque son ricas en vitamina B12. Todo este conjunto de propiedades ha convertido en una tradición de más de medio siglo acudir a tomar las ostras a A Pedra. Pero hay que tener cuidado y prudencia porque en estas Navidades a más de uno se le ha indigestado este suculento plato. Las ostras deben estar fresquísimas a la hora de comerse. Una prueba de frescura es rociarlas con limón. Si la carne del molusco se mueve, buen síntoma. En caso contrario conviene acercársela a la nariz y comprobar que huele a mar y no tiene un olor extraño. Los moluscos tienen que estar suficientemente depurados para expulsar todas las toxinas que puedan contener y resultar dañinas para la salud. A veces, la alta demanda hace que no pasen el suficiente tiempo purificándose. Otro motivo de contaminación son los factores ambientales, de manipulación y de conservación. En cualquier caso es mejor una docena de ostras que de uvas. Aunque también tiene más riesgos.