Las barreras que sí funcionan

La Voz S. G. | VILAGARCÍA

AROUSA

FOTOS: VÍTOR MEJUTO

En directo | Lucha contra el fuego y las inundaciones Cuatro brigadas operan esta semana en el Xiabre, creando terrazas vegetales contra la erosión en las laderas más expuestas y que mayor arrastre sufrieron con las riadas

13 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?onte Xiabre, mediodía. Tres brigadas de la empresa pública Tragsa y una de la Consellería de Medio Rural se afanan por completar las medidas de protección del monte vilagarciano antes de que las lluvias, que según las previsiones volverán a caer con fuerza, prosigan su tenaz labor de corrosión. Son veinte operarios, que se distribuyen entre Bamio y Cea. Miguel Fungueiriño, capataz de la cuadrilla autonómica, se inclina sobre las barreras de contención que peinan las laderas de Bamio desde septiembre. Tras ellas se acumulan arena y tierra. Hasta los topes. «Isto demostra que os cordóns de contención si funcionan -defiende el jefe de la brigada- imaxina a onde iría parar todo este material se non estivesen». La efectividad de este tipo de medidas queda patente. Otra cuestión es que su número y extensión no hayan permitido una mayor labor de freno en determinadas áreas. Y que la potencia y concentración de las precipitaciones sean tales que se lleven todo por delante. Lo que se observa en Xiabre desmiente la especie, siempre frecuente en el debate político, de que en el monte no se está trabajando. Al contrario, se trabaja con una intensidad desconocida en Galicia en lo que se refiere a restauración forestal. Y esta vez, especialmente en aquellas áreas más expuestas a los arrastres del agua. Hay, en el macizo vilagarciano, en Cea, un saliente que tallan, por un lado, el río de O Con, en su descenso hacia el embalse, y por otro uno de sus afluentes. Son las dos vías a través de las cuales el agua ha provocado mayores estragos. «Estamos a construír terrazas vexetais de arriba a abaixo das ladeiras, ata a mesma corrente fluvial», apunta Pedro, uno de los técnicos que dirigen los trabajos. En su labor confluyen, de esta forma, la lucha contra el fuego y sus efectos con la prevención contra las inundaciones que se anuncian en el horizonte. Dos operarias preparan una de las barreras vegetales. Su estructura base son troncos y ramas de buen porte procedentes de árboles quemados, que previamente son talados y despedazados. Sobre ella se colocan ramas más pequeñas e incluso hierba de alpaca, que favorece el triunfo de la hidrosiembra. Pequeños tallos verdes brotan bajo pinos y eucaliptos calcinados, demostrando que la aplicación de semillas herbáceas también ha funcionado en amplias áreas del Xiabre. Entre ellas, en el lastimoso cementerio de neumáticos que aún domina una ladera. Bamio, una de la tarde. El material que retienen los cordones vegetales exhibe un tono oscuro que delata su fertilidad. Terreno abonado para la plantación de landras de carballo. Los trabajadores tienen ante ellos varios capachos de bellotas que sembrar. «Estamos a facer tamén estaquillados de salgueiro. Trátase de ponlas de salgueiros que están a agromar, e poden ser plantadas ben de xeito horizontal, para que medren os distintos brotes en ringleira, ou mesmo de forma vertical. Se as comunidades se implican como agardamos, lograremos corredores ecolóxicos, que frearán o lume, e repoboacións de frondosas onde deben estar», argumenta Fátima Fernández. La coordinadora destaca la necesidad de restañar el bosque de ribeira, «nas vagoadas, esencial para defender os cauces e regular o caudal de auga». Este objetivo implica poner freno a la invasión del eucalipto. Por todas partes, el tenaz árbol australiano comienza a rodearse de brotes verdes. «É normal -explica De la Fuente- pois as árbores non están mortas». Pero su reverdecer es ínfima calidad. La madera pierde enteros y en nada contribuye a la protección del suelo, pues «ese agromar vai pegado ao fuste, ao tronco, non crea unha copa que protexa o chan da choiva». Los carballos o las sobreiras renacen después del fuego de una forma mucho mejor y más útil. «Sempre é mellor algo que nada, e agardaremos á primavera para talar». Esas talas llegarán, al igual que la aplicación de fitocidas para evitar que el eucalipto, favorecido por el fuego, se adueñe de zonas sensibles. Al fin.