CON GOTAS | O |
05 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.NADIE me quitará de la cabeza que lo que últimamente está sucediendo en este país responde a las semillas que desordenadamente se sembraron durante tanto tiempo. Absoluta despreocupación urbanística, nula protección ambiental, siempre sometida al dominio del dios dinero, pan para hoy y hambre para mañana, carta blanca a cualquier empresa que exhibiese el billetero, desfeita mayúscula en un medio rural abonado a una implacable desarticulación, fomentada con fondos públicos que, en lugar de invertirse en la modernización de estructuras y explotaciones, subvencionaban su abandono con suicida fruición. Y sobre todo, eso, la cultura de la subvención y la ayudita. Donde pago, cago. Perdonen la desagradable referencia escatológica, pero no se me ocurre mejor forma de resumir este caos dirigido. Con esta serie de despropósitos e insanos principios se han regido los destinos de esta esquina en la que tan pronto se arrasaba un puente medieval para inundar de piche una pista cuaternaria como se construía una planta de productos químicos junto a un río o unos depósitos en la orilla de la ría más rica de Europa. Porque nunca pasa nada, hasta que pasa, y si pasa, eu veño con cartiños, ¿recuerdan? Lo peor de todo es que será complicado erradicar esta mentalidad subsidiaria. No hay más que sentarse y observar cómo tipos que en su vida han mirado al monte más que para deshacerse de algún trasto ponen ahora el grito en el cielo en busca de la bendita ayudita económica de turno, o la forma en la que ciertos concellos solicitan dignamente que los cubran de millones cuando apenas han olido la chamusquina. Hasta aquí el penoso pasado. ¿Hay lugar para un futuro diferente? Se apuntaban serias y esperanzadoras maneras, pero rechazar una comisión de investigación sobre los incendios no parece el mejor de los augurios. El tiempo hablará.