Tradición y tecnologías

La Voz

AROUSA

El palomar El fuego fue, durante mucho tiempo, un misterio para los hombres. Ahora, en plena era tecnológica, el ser humano sigue fascinado por las llamas. Y, en San Xoán, más

24 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Con las doce campanadas de fin de año, todo el mundo se pone a hacer propósitos de enmienda. Yo la primera: prometo hacer más ejercicio, cuidarme más, ser más amable. Poco me duran mis buenos ánimos, y a lo mejor es que escojo mal el momento de hacer los votos. A lo mejor si me hiciese esos propósitos en la noche de San Xoán me iría todo mucho mejor. Porque esa es una noche mágica en la que el fuego lo purifica todo. En Carril Debo reconocer que mi noche de San Xoán pasa por Carril. Me han contado maravillas de la hoguera de Porto Meloxo, en O Grove. Y que en Cambados también han encontrado un sitio estupendo para la fiesta, en el molino de mareas. Pero yo soy fiel a Carril. Como el fuego no iba a ser encendido hasta las doce en punto, antes me di un paseíto por Vilagarcía y disfrute de la hostelería local. En La Marina probé las estupendas sardinas asadas de Andrés y Eduardo. Y luego, en la Taberna de Moe's además de la sardina degusté una receta de bonito exquisita. Las hogueras Y a las doce en punto, como una cenicienta moderna, salí corriendo hacia Carril. Cuando llegué el fuego ya había hipnotizado a todos los que se habían acercado a la cacharela. A la gran hoguera la acompañaba otra, de menor tamaño, que servía para cumplir la tradición de saltar sobre las llamas -yo ni lo intenté, la verdad-. Los apuntes De piedra me quedé cuando, en mi excursión, me topé con un puñado de jóvenes alimentando una hoguera con papeles. Pronto me explicaron el sortilegio. Ahora que llegan las vacaciones y que el curso ha quedado atrás, los chicos decidieron darle el matarile definitivo a un largo año de clases mandando las notas que le habían quitado el sueño al infierno de las llamas. De esa forma pretendían, tal vez, liberarse de las tensiones y dar rienda suelta a una etapa de relajación. Y fue entonces cuando se me ocurrió la idea. Relajación es lo que me hace falta a mí, me dije. Y juré ante la hoguera que me voy a tomar la vida con más calma, hacer más deporte y sonreir amablemente a todo el mundo. De momento lo voy logrando. A ver si dura.