?ese a sus noventa y tantos años, Antonio Alejandre derrocha vitalidad. La memoria de este vilaxoanés guarda un tesoro: el recuerdo, en primera persona, de los dramáticos acontecimientos que siguieron al alzamiento militar que en 1936 puso fin a la República. Desde hace tiempo, Alejandre ha abierto las puertas de esos recuerdos a todos aquellos que han estado dispuestos a escucharlos. Con esa gente -cada día son más las personas que quieren recuperar esa parte de la historia tantos años ocultada- ha revivido los días que pasó en los montes arousanos, el modo en que requisó una pistola a dos fascistas que intentaban desembacar en la playa de Cabanelas (Vilagarcía), los terroríficos años vividos en la isla de San Simón y el sudor frío que cubrió su espalda cuando protagonizó un amago de paseíllo entre aquel campo de concentración y la capital de la provincia. Historias que comparten un denominador común: el horror. Pero también el coraje. Y el valor.