Gago se atrevió con el inglés

La Voz

AROUSA

El palomar Vilagarcía y Falmouth, de momento buenos amigos aunque futuros hermanos, se siguen conociendo. Ayer fue día de muchos regalos y de cambiar de idioma

19 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?o hay calendario que cumplir, ni parece que eso importe demasiado. Los ingleses tienen fama de metódicos y flemáticos y así, con calma y con rigor, se han tomado la empresa del hermanamiento con Vilagarcía. Esto es como un noviazgo, me decía ayer Ana Santórum . Lo primero es conocerse y, desde luego, por Roberto Araújo , no va a quedar. Les ha preparado una agenda cargadita con la que tendrán ocasión de conocer desde las bateas a locales de copas, desde el cementerio inglés hasta la fiesta de Santa Rita. Pero es que, lo explicaba ayer el alcalde Javier Gago , desde Ravella quieren que los británicos se lleven una buena y completa impresión de lo que es esta ciudad. En Falmouth, lo explicaba ayer su alcalde, Roger Bonney están por atraer turismo así que los vilagarcianos van a ser allí bien recibidos. Y el Atlántico, ese océano común, seguro que también traerá un mar de relaciones. Poco dinero y mucha ilusión Pero las pretensiones del hermanamiento van mucho más allá. Unos y otros quieren que esta relación salga de los despachos para que se implique la ciudadanía: la empresa, la cultura y la educación. Los intercambios escolares son uno de los principales objetivos, de hecho los ingleses ya han estado hablando con profesores con el fin de conocer la viabilidad de la iniciativa. Pero falta logística, o sea, dinerito. Y mientras no llega, de lo que van sobrados es de ganas y buen rollito. No hubo más que ver el acto institucional celebrado ayer en Ravella. Vamos, que había química, como se dice ahora. Se ve que Gago y Roberto hicieron bien sus deberes de embajadores cuando viajaron a Falmouth en septiembre del 2004 y dejaron a sus amigos encantados. Tanto, que vinieron cargados de regalos como si de Papá Noel se tratara. No se lo pierdan. En el intercambio de obsequios propio de estas recepciones, los ingleses se despacharon a gusto. Además de una preciosa maqueta de un barco típico de Cornualles y un montón de libros, trajeron una cesta de quesos, una camiseta para María Araújo, unos gemelos para el alcalde y Roberto, un detalle para sus respectivas y hasta, me pareció oír, un complemento para el coche. Los anfitriones, por su parte, les entregaron insignias con la camelia para ellas y con el escudo de la ciudad para ellos y, no se crean, también se salieron del protocolo en el que tanto manda Mon Reiriz y les regalaron unas gorras diseñadas para la ocasión. Y menos mal, porque como Rivera y Castro Ratón no tuvieron regalos made in Falmouth, al menos se llevaron su gorrita. Algo es algo. Y se preguntará ustedes, ¿cómo se entendían? Hombre, había intérprete pero el que más y el que menos se atrevía con el idioma. Los ingleses se trajeron a una profesora de español y el alcalde se largó todo un discurso en la lengua de Shakespeare. Pidió perdón por los mistakes , pero salió airoso. Total, sólo es injlés y Gago ya ha lidiado otros toros.