Democracia

MARTA VARELA

AROUSA

AREOSO | O |

10 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS DEFENSORES de las listas abiertas suelen argumentar que es el procedimiento más democrático que existe para la elección de dirigentes. Sostienen que la selección directa de las personas es más justa y respeta más los deseos de los votantes que una lista cerrada en la que el ciudadano tiene que someterse a una decisión previa sobre quién formará o no parte de la candidatura. Visto así, el argumento es irreprochable. Yo también creí siempre en las listas abiertas. Hasta que me encontré de bruces con la realidad de las cofradías. No sé lo que ocurre en otros lugares, sospecho que más o menos lo mismo, pero lo cierto es que en la margen sur de la ría de Arousa la normativa que regula las elecciones en los pósitos va cosechando fracaso tras fracaso. En Cambados fue necesario repetir la convocatoria de elecciones. En Carril, Olga Carou vivió el que posiblemente haya sido el mandato más corto al frente de un pósito y fue necesaria una nueva convocatoria de elecciones. En Vilanova llevan casi un año intentando convocar una cita con las urnas que todavía no tiene fecha. Y ¿qué me dicen de A Illa? Primero, la cofradía desafió a Pesca y celebró unas elecciones con listas cerradas que la consellería se ocupó de anular. Después, tras una nueva llamada a las urnas, se nombró a un patrón mayor que permaneció en el cargo apenas un año. Otra vez a votar y parece que la estabilidad todavía no ha llegado al pósito de San Xulián. Quizás haya que repetir las votaciones de la lista de armadores porque la persona que estaba llamada a representarlos presentó su dimisión antes de tomar posesión. Quizás la normativa que regula las elecciones de las cofradías sea muy democrática, pero lo cierto es que no funciona. Por muchos motivos, pero sobre todo porque una cosa es votar y otra gobernar. Y para gobernar no sólo hacen falta votos, sino equipos.