La cosa política
10 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ace tres años, por estas mismas fechas, los bateeiros de Arousa daban una lección al mundo. La pelea desesperada por frenar la llegada del fuel del Prestige , coronada por el éxito en el último suspiro y contra todo pronóstico, demostró que si alguien sabía defender la ría más rica del planeta, por encima de una Administración inoperante, era el sector del mar, en general, y el mejillonero, en particular. Ahora, llega el momento de percibir las indemnizaciones económicas por las pérdidas que el piche generó entre el 2002 y el 2004. Y los productores meditan si los 17.804 euros por criadero que propone la conselleira de Pesca, Carmen Gallego , son suficientes. Tal vez haya llegado el momento de ponerse a pensar, también, en otra serie de pérdidas que nada tienen que ver con la negra estela del chapapote, y sí con una gestión que podría haber convertido a Galicia en una verdadera potencia mundial de la industria relacionada con el mar pero, sin embargo, mantiene esa enorme potencialidad en un estado latente, que apenas asoma la cabeza en un mero primer paso de su capacidad real. Sin profesionalizar El mejillón gallego genera 120 millones de euros anuales en primera venta, sustenta 150.000 puestos de trabajo y supone el 60% del producto interior bruto de varios concellos. Se trata, sin duda, de una de las principales fuentes de riqueza del país, cuyo desarrollo pleno dotaría a Galicia de un motor económico sin parangón en Europa por lo que respecta al aprovechamiento de los recursos acuícolas. Cualquiera diría que un sector con tal capacidad contaría ya entre sus filas con los mejores profesionales tanto en la gestión industrial, como en la financiera y en la comercial. Que tendría en nómina a biólogos y a investigadores, trabajando para optimizar el rendimiento de las bateas, explorar nuevos territorios de negocio y construir un pilar de progreso con potencia para redistribuir riqueza y aglutinar a su alrededor no sólo a la ría de Arousa sino a buena parte de la comunidad. Sin embargo, nada de esto es así. A nivel tecnológico, y pese a los avances que se están poniendo a prueba, con estructuras sumergibles, bateas exteriores y nuevos materiales, lo cierto es que el grueso de la situación no es muy distinto al que vio nacer a las primeras plataformas mejilloneras, medio siglo atrás. En el plano organizativo, el gran logro se llama Opmega, la central de ventas. Pero la organización vive uno de sus momentos más difíciles, inmersa en un enloquecido proceso de expulsión de socios que ha dejado en la cuneta a Amegrove y acaba de hacer lo propio con los vilanoveses de San Amaro. El ejemplo lácteo El gerente de Opmega es un hombre de leyes, un abogado capacitado. Pero no es un profesional de la gestión. En realidad, las decisiones, por difíciles que sean, siguen estando directamente en manos de los bateeiros. Algo así sería inconcebible, por ejemplo, en Corporación Alimentaria Peñasanta, el gigante asturiano del sector lácteo que, entre otras firmas, posee la vilagarciana Larsa. Los ganaderos astures disponen del 56% del capital de la sociedad, y por lo tanto la controlan. Ahora bien, al frente del consejo no se sienta un productor de leche, sino un gestor especializado. En el mundo del mejillón galaico no sucede nada parecido. Como tampoco se ha desarrollado un diseño propio de márketing, ni existen estudios de mercado, ni hay un plan estratégico. El fracaso de la campaña navideña es un claro síntoma de lo que está dejando pasar por delante sin echarle el guante de una vez por todas. Además del mercado nacional, Francia e Italia constituyen los principales clientes de esta temporada que la toxina va a arruinar. El problema del cierre de polígonos es endémico y cíclico. Sucede todos los años. A pesar de ello, no hay un sistema de almacenamiento y conservación que permita a los socios reservar parte de su producción para poder servir vianda a los mercados cuando la toxina actúa. De esta forma, ante un desabastecimiento galopante, se deja el camino abierto a Grecia, Italia y Portugal, que ya están compitiendo en producto fresco, y dando alas a Andalucía o a Ceuta, que hacen sus pinitos en la cría del mejillón. El 40% de la producción gallega se destina al mercado en fresco. El 60% restante tiene como destino la conserva. Pero ojo, porque en cuanto las conserveras gallegas, y éste es un riesgo evidente, comiencen a implantarse en países como China (primer productor mundial de mejillón, por delante de Galicia) y Chile, el sector galaico puede recibir un golpe mortal. Expulsión de socios En cuanto a la dinámica de expulsión de socios, la laminación de Amegrove se traduce, en resumidas cuentas, la pérdida de 350 bateas y de 300.000 euros anuales, el 2% de los ingresos del importe de las ventas que, como el resto de agrupaciones, los grovenses ingresaban en las cuentas de Opmega. La central deja de vender, además, el millón de kilogramos de vianda que cada año adquiría la organización meca. La jugada se repite con los vilanoveses, algo que tal vez refuerce la figura de Javier Figueira al frente de Opmega, pero le hace perder peso en el conjunto del sector. Mientras, una quincena de cocederos y depuradoras se han unido, bajo las gestiones del Consello do Mexillón que preside Ramón Dios , para buscar nuevos mercados. El alemán es el primero. Este puede ser el camino, si no es tarde.