Telmo Martín puso el radar

La Voz

AROUSA

La cosa política

04 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?hora que nuestros próceres se han echado a la carretera para rodar hacia el 19-J no está de más recordar el evento que Vilagarcía en particular, y en general toda la comarca, acogió el pasado fin de semana, la concentración nacional de motocicletas BMW, y las lecturas políticas que la visita de los moteros cosechó en la ría. Antes de nada, conviene retratar adecuadamente de qué estamos hablando. La convención nacional constituye todo un evento allí donde se organiza, una vez al año. En el 2004 tocó Madrid, en esta ocasión O Salnés. Nada menos que 150 personas llegaron a Vilagarcía procedentes de prácticamente todas las comunidades, incluyendo puntos tan distantes y complicados como Canarias y Baleares. Toda esta gente ocupó setenta plazas de hotel y generó un volumen de negocio que fácilmente ronda los 24.000 o 30.000 euros, cuatro o cinco kilos de los de antes. Pese a la deteriorada imagen que los moteros suelen arrastrar, los aficionados a la BMW, que se citan a través de Internet, donde mantienen un foro muy activo, ofrecen un perfil de tipo responsable, alejado de caballitos y macarradas. Baste decir que la media de edad de los participantes fue de 40 años, con un poder adquisitivo más que razonable. A la vista de sus credenciales, cualquiera diría que los concellos de la zona se partieron el pecho para aprovechar la ocasión, acoger a la comitiva motera, satisfacer su poder de consumo y, un detalle importante, exprimir una oportunidad inmejorable de promoción turística en toda España, de forma directa. Porque no hay que olvidar que esta gente, al retornar a casa, tiene boca y habla, y de ahí surge la mejor propaganda. Estas razones debieran resultar evidentes en una comarca que se precia de ostentar uno de los potenciales turísticos más elevados de Galicia, y que suele destinar generosos dispendios económicos a planes de excelencia. En general, la receptividad fue excelente. Pero hubo una decepcionante excepción: Sanxenxo. La organización trabajó durante meses para que nada fallase. En su recorrido por tierras arousanas, los moteros de BMW recalaron, por ejemplo, en Poio, donde el Concello se volcó en facilitar su estancia. La Policía Local dio cobertura en todo momento a la concentración, que contaba también con escolta de Tráfico, Combarro le abrió las puertas y sólo hubo palabras de alabanza para el alcalde, el nacionalista Luciano Sobral , y su equipo. La sorpresa desagradable llegó en Sanxenxo. A pesar de que los organizadores anunciaron con dos semanas de antelación su presencia, ningún miembro del equipo de gobierno quiso recibirlos el viernes, un día antes de su llegada al municipio. Es más, los funcionarios les aseguraron que para hablar con el alcalde, el popular Telmo Martín , era preciso cubrir una instancia oficial. Pero lo bueno llegó el propio sábado, pues la Policía Local saludó a los moteros a su entrada en Sanxenxo con los radares desenfundados. Es fácil imaginar los rostros de estupor de los 150 jinetes motorizados a bordo de 110 máquinas, formando una serpiente mecánica de tres kilómetros de longitud que, por razones obvias de seguridad, no podía superar los 50 kilómetros por hora, al divisar a los agentes, dispuestos a recetar en cuanto el velocímetro se pusiese a tiro. Afortunadamente, la cosa mejoró al cruzar la frontera de O Grove. Las felicitaciones y flores lanzadas en Poio se repitieron en la península meca, donde la Policía Local volvió a ponerse a disposición de la comitiva. El también popular Miguel Ángel Pére , se anotó un tanto, tal vez espoleado por la desfeita del Correlinguas, al que el Concello ignoró tras comprometer su colaboración. En esta ocasión, en cambio, todo funcionó como el reloj que se le supone a un ayuntamiento con querencias turísticas. Gago y Araújo, en la fiesta Las alabanzas se repitieron en el municipio en el que se hospedaban los moteros, y que acogió su fiesta de sábado noche: Vilagarcía. Dado que el pazo Rial se quedó pequeño a la hora de alojar a tanto jinete, el Concello facilitó un autocar para que los moteros pudiesen desplazarse hasta el hotel Castelao sin problemas tras la cena jolgorrio. En ella participaron el alcalde, Javier Gago , y el concejal de Cultura, Roberto Araújo , cuestión que no pasó desapercibida. Siempre resulta interesante comprobar la visión que desde fuera se tiene de lo propio. Y lo primero que destacó un motero de Ribeira es el buen trabajo de aprovechamiento de recursos en O Salnés, en comparación con lo que sucede en Barbanza: «Parece mentira, pero sendo a mesma ría e estando a un paso por mar, no Grove puidemos navegar en catamarán, no porto había ata doce funcionando, e en Ribeira non hai nin o primeiro, e tampouco hoteis deste nivel». La valoración de Vilagarcía: «Está moito mellor que hai anos, onde vai parar, aquí fíxose moito». Y, claro, de aquí a la rajada política, un solo paso: «Eu tiro á dereita, pero aquí o alcalde fixo máis que Colomer en Ribeira, e iso que era presidente da Deputación. Este Gago... vén sendo como o Paco Vázquez de aquí, ¿non é?». Así ven el tema desde la otra orilla.