CON GOTAS | O |

31 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO NOS vamos a poner estupendos a estas alturas con hipócritas escandaleras a cuenta del trajín etílico de la chavalada el fin de semana. Quien más, quien menos, se ha montado sus botellones y lo sigue haciendo. Qué son papatorias como las de tinto de Barrantes, la feria del abariño artesanal de Vilagarcía o la Festa do Albariño con mayúsculas de Cambados sino fenomenales parrandas, botellones desmesurados a cubierto de ayuditas y subvenciones. Lo mismo que el papeo de la patrona, debajo de la parra, o la comunión de la niña, excusas para agarrarse una lona de campeonato con legitimidad laica o religiosa. Y lo bien que sienta. Pero una cosa es esto, y otra tener que soportar a unos cerdos, gorrinos del cubata y la garrafa, capaces de sembrar de botellas lugares tan poco propicios para tales desfases como el parque infantil de O Con. El domingo pude desenterrar varias botellas de Baccardi antes de que mis dos chavales topasen con ellas. Pero no llegué a tiempo de evitar que el más pequeño, que ni dos años tiene, blandiese una de 100 Pipers, haciéndome tres lustros más viejo de un plumazo. Créanme que se la hubiese partido en la cabeza al descerebrado que abrevó en ella.