AREOSO | O |
18 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.MI MUNDO se ha puesto del revés. Sin previo aviso lo de arriba está abajo, lo de abajo en el centro, lo del centro más bien arriba, y yo que sé que más cosas se han cambiado de sitio. Llevo ya algún tiempo con esa sensación de que todo ha cambiado de lugar. Y en cierto modo, debo reconocerlo, me gusta. Me encanta, por ejemplo, ver a Don Manuel arengando a las masas para que salgan a ladrar su indignación por las esquinas. Reconozco que me provoca cierto morbo pensar en las manifestaciones a favor de la permanencia de Ence en Pontevedra. Y no puedo negar que imaginarme a Teresa Pedrosa encadenada a la balaustrada del museo de Pontevedra es una imagen tan explosiva que no soy capaz de recordar el motivo por el que dice que va a protestar. Ya ven, el mundo se ha vuelto tan loco que yo, siempre proclive a la protesta, me he vuelto una de esas a las que algún día le gritarán: «no nos mires, u-ne-té». Afortunadamente, el mundo no se ha vuelto aún tan loco como para que mi cabeza se pase al lado de esos plataformeros sin experiencia. Al fin y al cabo, por mucho que toleen algunos, sigo sabiendo elegir a mis amigos. Y, ya saben, me quedo con los «malos» de antes. Los de siempre.