?ese a haberse convertido en la sexta potencia mundial por volumen de negocio (450 millones de euros anuales) asociado al sector eólico, el auge de este tipo de instalaciones todavía no ha servido de mucho para la economía gallega. A diferencia de otras comunidades, Galicia ha manejado hasta ahora la concesión de licencias con criterios blandos, poco exigentes en materia de desarrollo industrial hacia compañías cuyos costes se reducían prácticamente a los de instalación y un alquiler muy asequible a las comunidades de montes, cuyas propiedades son terreno abonado para este tipo de operaciones. Así se explican las reventas de derechos que, por ejemplo, ha puesto en práctica Gamesa, firma vasca que tiene adjudicados 760 megavatios en Galicia. Cambio de estrategia La Xunta parece haberse percatado al fin de esta fuga de riqueza. Pese a ser pionera en la exigencia de inversiones a cambio de derechos de explotación, en Galicia apenas se ha cumplido este requisito. Ahora, la Administración gallega quiere asociar las nuevas adjudicaciones a la generación de empleo estable, investigación y desarrollo en la comunidad. Las compañías no son ajenas a este hecho, y ofertan ya más de tres mil millones de euros de inversiones, y proyecos de fabricación de componentes, a cambio de más megavatios. Por ahora, sólo el 10% de la energía eólica está en manos de empresas gallegas. Una de ellas es el grupo Engasa, que reúne a distintas empresas propias, algunas históricas como la arousana Compañía de Electrificación.