Chuletas

| XURXO MELCHOR |

AROUSA

ENTRE LÍNEAS

30 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE que descubrí la infalibilidad del cambiazo, sistema por el cual fui capaz de aprobar el examen de lógica en tercero de bachillerato, aprendí a utilizar todo tipo de chuletas. En el boli bic grabadas con un compás, en la mano, en la mesa, en la pierna, en pequeños papelitos plastificados, en los diccionarios y libros de consulta e incluso en la silla del compañero de delante. Todo alumno que se precie chuletea, así que no diré que no lo hice. También es verdad que en los estudios no llega ni con la chuleta ni con el chuletón y que al final lo único que sirve es hincar los codos. Y hago esta reflexión al hilo del sistema que empleaban, presuntamente, las autoescuelas cerradas por hacer trampas en el teórico. Con llamadas al móvil indicaban las respuestas correctas. Una vibración, la A. Dos, la B. Y así. Cambian los tiempos, pero la esencia es la misma.