Análisis | La VGR-41
29 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?l infausto nacimiento de la vía rápida de O Salnés, con su subordinación a los intereses del veraneo por encima de cualquier consideración sobre la vertebración real de la comarca, ha marcado unas severas consecuencias para la efectividad del vial, que todavía hoy colean. Sobre todo, porque el criterio de la Xunta sigue siendo el mismo: primar la comunicación de la autopista con Sanxenxo. ?ara y prolongada en el tiempo La vía rápida no es una estructura continua y bien conformada, sino la conjunción de cuatro tramos distintos de vía, que se han ejecutado en cinco fases diferentes desde el inicio de las obras, en 1992. Los números dicen que, hasta el momento, el coste de cada uno de sus kilómetros se ha disparado hasta 1,2 millones de euros. Y su dilatación a lo largo de los años hace que la media de tiempo empleado en la construcción de cada kilómetro supere los tres meses. Ni siquiera se habla todavía de la posibilidad de que el desdoblamiento se ejecute algún día entre Vilagarcía y Cambados. Y en el caso de O Grove, prácticamente se descarta la ampliación. Señalizacion infernal El fenómeno de parroquialización de la vía rápida imprime un fenómeno perverso a la utilidad real del corredor. Así, cualquier visitante que intente alcanzar Vilagarcía desde la autopista, a través de la VRG-41, se enfrentará a un galimatías de señalizaciones, a dos rotondas con destinos confusamente indicados y a un final en vía muerta que sólo los vecinos del lugar podrían interpretar correctamente. La opción más probable es que el conductor foráneo acabar perdido en alguna pista entre O Rial y la zona de O Piñeiriño. Esta situación contrasta claramente con la de infraestructuras semejantes, como las de Barbanza y O Morrazo, perfectamente definidas para enlazar las poblaciones de referencia.