AREOSO | O |
15 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.DEL PLAN GALICIA habla todo el mundo. De hecho, sobre él corren ríos de tinta, de acusaciones, de desmentidos, de lo que yo hice y de lo que no vas a hacer tú. Los políticos no se cansan de hablar del AVE en Galicia y de las carreteras que hemos tenido que pagar con el chapapote que ha anegado nuestras costas y nuestras vidas -al menos las de algunos-. Ayer, los portavoces de la Coordinadora de Cofradías Dañadas por el Prestige se preguntaban dónde estaba el mar en medio de tanto discurso asfaltado. Y la suya era una buena pregunta. Porque del mar ya nadie se acuerda. El Prestige hizo que despertase la conciencia de que con Galicia hay un Estado que tiene muchas deudas que saldar. Una gran lección que, seguramente, ya deberíamos haber aprendido antes. Ahora que se saben el discurso, los políticos de todos los colores se han puesto a cantar la tabla de las promesas y las acusaciones. Y a lo tonto a lo tonto, han mandado al ángulo oscuro todo lo que pasa más allá de la arena seca de las playas. Y allí, dice la gente del sector, están pasando muchas cosas. Escasean los bichos de todos los tamaños. Pero eso parece que ya a nadie le importa demasiado.