Estamos deprimidos

AROUSA

AREOSO | O |

23 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

TENGO el corazón en un puño. Se lo juro. Supongo que ustedes andarán en las mismas vainas que yo, así que procuraré hacer terapia colectiva para autoestimularnos. Venga, directos al grano, no vamos tan mal en Atenas. Repitan conmigo: nuestros deportistas hacen lo que pueden. Llevamos ya ¿Ocho?, ¿Nueve? medallas y nosécuantos diplomas. Vale, no me vengan con que sólo oímos el himno de la euforia patria en gimnasia. Ya lo sé, pero positivicen la experiencia. De esta manera no tenemos que ver a nuestros olímpicos poner cara de «¿qué hemos hecho nosotros para tener un himno sin letra?» mientras les dan el famoso metal. Lo admito, desde la televisión pública nos han bombardeado con que íbamos a ser la repera. Que en tenis oro seguro. Con Somarriba, a por todas. En atletismo, más de lo más y en remo unos hachas. Pero en la tele son malos. Querían que nos ilusionásemos. ¿Cómo pudimos creerles después del batacazo padre de la Eurocopa? Volvamos a repetir todos juntos: no aspirábamos a tanta cosa. Les doy un último antídoto para la depresión olimpíca: el tiempo lo cura todo. En unos días, los inmigrantes volverán a agonizar en nuestras costas, un ex marido con orden de alejamiento acuchillará a su ex mujer y nos llegará, desde el lejano Irak, noticias de esa guerra en la que tanto tuvimos que ver. Ellos ocuparán las noticias. Y entonces, sólo entonces, seremos felices. Sin oro ni plata. Sólo con la realidad.