ENTRE LÍNEAS
21 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN TREINTA y dos años que voy a cumplir no he cosechado más que fracasos, decepciones y cabreos en lo que se refiere a la selección nacional de fútbol. Somos el eterno quiero y no puedo. Los favoritos que se quedan en el camino. Las estrellas estrelladas. Muchas veces maldije nuestra mala suerte o las decisiones arbitrales que nos perjudicaron, pero tras el ridículo que hemos hecho en la Eurocopa de Portugal no hay más vuelta de hoja. Sólo puede haber una explicación: somos una selección más bien ramplona dirigida siempre por técnicos ultradefensivos y sin amor alguno por un juego que puede ser arte. Así las cosas, prometo que nunca más me dejaré confundir por la publicidad engañosa que cada cierto tiempo nos animan a ser una furia roja, a estar unidos con la selección y a ir todos a no sé qué fiesta. Que les zurzan.