Los promotores de esta iniciativa nada tienen que ver con los comerciantes que se movilizaron por las pérdidas que les ocasionaba el cierre de Xoán XXIII, pero han sido testigos de los perjuicios que las obras ocasionaron a los negocios. «Antes el párking del supermercado estaba lleno, y ahora hay sólo dos coches; hay una floristería abocada al fracaso y algún negocio que ya cerró», reconoce Fernández. Los accesos están cada vez más restringidos. Las obras de la carretera que va desde Larsa prácticamente inutilizaron el paso que tienen por Marxión, y en cuanto lleguen los trabajos del AVE, con la construcción de un puente en A Torre tendrán que cerrar también esta entrada. Se sienten abandonados, hasta el punto de asegurar que viven en el barrio más marginal de la ciudad.