Análisis | Las anécdotas
17 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?a lucha contra el narcotráfico, además de grandes y mediáticas operaciones, es también una importante fuente de anécdotas. Así lo reconocía no hace muchos días el comisario jefe de la policía nacional en Santiago y uno de los mayores expertos en España en la persecución del tráfico de drogas. En una entrevista a La Voz de Galicia, Enrique León rememoró como «un narco de Carril que tenía unos kilos de hachís» tuvo la ocurrencia de «guardarlos en el cortello». La historia concluye con los cerdos comiéndose la droga: «Debían de tener un flipe impresionante». Como no iba a ser menos, el 2003 también fue fecundo en situaciones extrañas y anécdotas, empezando por los métodos que los delincuentes emplearon para introducir los estupefacientes. Aparte de planeadoras y viajes transatlánticos, hubo quien trató de traer el hachís por tierra echando mano del ingenio. Nada mejor que mezclarlo con pulpo y sardinas congelados. El problema es que ambos alimentos combinan mejor con cachelos y el resultado fue el decomiso, en julio, de 3.500 kilos de resina de cannabis en Tui. La operación incluyó, asimismo, la detención de cuatro españoles y un portugués. Las primeras hipótesis apuntan a que los estupefacientes fueron embarcados con destino a España desde el puerto de Casablanca. Este no fue el único caso de traficantes amigos de los congelados. Apenas unas semanas antes, el instituto armado halló un alijo de tabaco de contrabando en el puerto de Marín camuflado en un contenedor de sardinas congeladas. Sorpresa en el monte Pero si de sorpresas se trata, la que se llevaron -curiosamente, también en el mes de julio- unos operarios que realizaban labores de desbroce en el monte Penalba, en Campo Lameiro. En las proximidades de una zona de petroglifos se encontraron con cuatro fiambreras que guardaban 25 kilos de hachís y unos 135 gramos de cocaína. Meses después, en septiembre, Vigilancia Aduanera localizó tres fardos de cocaína flotando a unas diez millas de la isla de Ons. En total, se trataba de unos ochenta kilogramos de droga. No fueron las únicas sorpresas del año. En el campo de las consideradas más desagradables se encuentra el caso de un supuesto narco vilanovés que tenía por costumbre utilizar a sus distribuidores minoristas -grameros- como conejillos de indias para ajustar los cortes de la droga.