ENTRE LÍNEAS
26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.CADA VEZ que enciendo la tele veo a un tipo prometiendo algo. Unos dicen que bajarán los impuestos, otros que todos sabremos inglés. De todo. Bueno, bonito y barato. Estamos en campaña electoral y es tiempo de promesas incumplidas. Nos hemos acostumbrado peligrosamente a escuchar sin que nos den arcadas todo tipo de cosas con la absoluta convicción de que esas propuestas irán a parar al limbo una vez que las papeletas hayan entrado en las urnas. Es lo normal. Todos los políticos lo hacen, pero eso no es la democracia. Llevemos el caso a la vida real, que es muy práctico. Su mujer o su marido le prometen amor eterno y fidelidad absoluta. Pasan los años y él o ella se la pegan con el vecino, la secretaria o el repartidor del butano. ¿Se lo tolerarían? Algunos puede que sí, pero la mayoría les pondrían de patitas en la calle. Pues eso.