Reportaje | El juicio del fraude del viñedo en Rías Baixas La mayoría de los viticultores reconocen que no tramitaron las ayudas de Agricultura, pero tampoco denunciaron la situación cuando recibieron el cheque bancario
07 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El que fuera el primer escándalo en el mundo del albariño ha dado lugar también a un polémico juicio. La supuesta falsificación de firmas para que los viticultores de O Salnés recibieran subvenciones de la que se acusa al técnico de la asociación de viticultores do Salnés, sólo parece importar al juez y al fiscal, ya que los propios testigos no recuerdan demasiado de lo sucedido. Lo único que estos agricultores y bodegueros tienen claro es que, aunque no tramitaron las ayudas, tampoco se extrañaron cuando las recibieron ni presentaron reclamación alguna. Un técnico de la Administración autonómica lo reconoció durante la sesión que esta semana celebró la sala de lo Penal de Pontevedra: Agricultura no recibió denuncias de los viticultores por haber percibido una ayuda que no les correspondía. La investigación se abrió a raíz de una única denuncia y de una pregunta presentada por el BNG en el Parlamento. Es más, hasta ese momento la Administración autonómica no se molestaba en comprobar que las firmas de los solicitantes no se correspondían con las originales. La documentación De este proceso llama también la atención el hecho de que, a pesar de que los viticultores no tenían constancia de las subvenciones, la asociación de viticultores poseía toda la documentación necesaria para tramitar las ayudas, esto es, fotocopias de los DNI y planos catastrales de las fincas, entre otros. Además, los técnicos de la consellería visitaron en varias ocasiones las fincas en las que se estaba poniendo en marcha este nuevo tratamiento -para el que se había pedido la ayuda- y comprobaron que en todas ellas se realizaban los trabajos oportunos. Otra de las incongruencias del proceso es que la gran mayoría de los viticultores que testificaron habían firmado unas certificaciones en las que autorizaban a la asociación de viticultores a realizar los trámites necesarios para recibir las ayudas. Claro que muchos no sabían si había sido antes o después de que se detectaran las irregularidades y si esa era realmente su firma. Por último, muchos ni siquiera se acordaban de la inspección realizada por la consellería.