El primer golpe de «swing»

La Voz

AROUSA

El palomar El Concello de Cambados organiza este mes unas jornadas de iniciación al golf para niños de entre 6 y 16 años en el campo de Meis

27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Siempre hay una primera vez para todo, pero es que los chavales de hoy en día andan de una espabilado que es una barbaridad. Resulta que el Concello de Cambados ha organizado una serie de jornadas en el campo de golf de Meis-el más grande de la comarca, con dieciocho hoyos nada más y nada menos y que guarda una de las mejores vistas que pueda haber a la ría-, para niños de entre los seis y los dieciseis años de edad. Pues eso, les decía que están muy espabilados. Esta actividad se viene celebrando desde hace cuatro años, y muchos ya eran repetidores. Es muy duro comprobar como mientras una no ha cogido un palo de golf en su vida, un mozalbete de diez añitos te hace un swing de órdago que ni Tiger Woods oiga. Dirán ustedes que el golf no es un deporte para enseñar a los niños, que no es lo suficientemente movido para las ansias de diversión de los chavales. Eso es porque no estuvieron ahí, yo les vi disfrutar de lo lindo con los palitos y las lecciones para mejorar el golpe, aunque bien es cierto que algunos vi con mirada deseosa de tirar el palo a otro lado y revolcarse y correr por el césped como un potrillo salvaje. Pero no era esto lo único que me extasió, porque el viaje con los niños también fue bastante movidito. El tiempo no invitaba mucho a practicar golf, amenazaba una fuerte lluvia, aunque, como decía Yago, un niño de seis años con una lógica implacable y un entusiasmo a prueba de bomba, «pues si llueve me pongo la capucha», y tan listos. El autobús subía por el monte mientras los chavales exclamaban al ver el campo de golf «mira, es el hoyo 17», y efectivamente lo era. Ya ven como está el mundo y lo que rápido que cambia, hemos pasado de los hoyos de canicas de nuestra infancia a los de golf. El verde está en Meis No, no hubo lluvia, pero sí hizo viento, y frío. Y es que el campo está situado en medio del monte, y ya se sabe las temperaturas que hay a esas alturas. Y las vistas, porque a pesar de que estaba un poco nublado, el paisaje que se vislumbraba era realmente maravilloso. El verde más verde que las botellas de Heineken se mezclaba con el azúl del mar mientras que las nubes se perdían en el horizonte. Me estoy poniendo muy poética. Déjenlo, es cosa de la altura, que me afecta mucho.